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Columnas: La Talacha

Amarga navidad

/ 23 de diciembre, 2016 / Francisco Cuéllar Cardona

Mañana sábado es nochebuena, dice el cristianismo. Son días para reflexionar y para abrirle las puertas al amor, a la paz y al perdón.

Estos son días para la reconciliación entre quienes se han distanciado; son momentos para reír y olvidar lo malo, y que la espiritualidad invada el alma y los hogares. Eso dice el librito de la navidad y los mandamientos religiosos, pero ¿cuántos de los mexicanos, y no se diga cuántos de los tamaulipecos van a estar en paz y estarán en condiciones de dar las gracias al prójimo?.

¿Cuántos están sin trabajo?, ¿cuántos no recibieron un aguinaldo?, ¿cuántas madres perdieron a sus hijos?, ¿cuántas esposas? ¿cuántos niños y niñas se quedaron en la orfandad?, ¿cuántas familias fueron separadas o mutiladas por la violencia y la inseguridad?, ¿cuántos desaparecidos engrosaron las estadísticas oficiales?, ¿cuántos niños no recibirán un regalo?…y peor aun: ¿cuántas familias y niños tendrán hambre y no contarán con un plato de comida en su mesa?.

Hay dos documentos oficiales, uno de la Secretaría de Salud Federal que habla sobre los efectos de la violencia en los estados como Tamaulipas, Michoacán y Guerrero, y otro estudio que hizo un grupo de egresados de Sociología de la UAT, que hablan del impacto de la inseguridad en las familias tamaulipecas.

En los dos informes, hay una coincidencia que revela la crisis social que ha dejado la violencia en el país y en entidades como nuestro Estado, en donde
el miedo, el coraje, la frustración, el terror, la impotencia, la injusticia, la impunidad, y la insensibilidad de los gobiernos, de todos los niveles, han enfermado a la población. 

El 80 por ciento de las familias de Guerrero, Michoacán y Tamaulipas, sufren de estrés; no duermen, están enfermos de los nervios; les ha desarrollado
la diabetes y la hipertensión ha colapsado su salud en los últimos 10 años. Todo ha sido a causa de la violencia.

Ocho de cada diez personas en estos tres estados, han padecido la muerte de un familiar, o tienen desaparecido a un pariente cercano. Esto ha ocasionado mermas en la salud en todas las personas, dice el informe de la Secretaría de Salud.

Los sociólogos de la UAT, en cambio, al referirse a los estragos de la inseguridad en el Estado, concluyen que el 96 por ciento de las familias en Tamaulipas se han vuelto disfuncionales; es decir, de 10 años para acá no han vuelto a vivir en armonía. Todos, o casi todos tuvieron que separarse o desplazarse fuera del Estado en busca de seguridad y oportunidades laborales.

Seis de diez personas, no tienen trabajo. Seis de cada diez, perdieron en los últimos tres años sus derechos a la salud. Los niveles de desnutrición y hambre en los niños creció de 20 a 35 por ciento. El desempleo creció del 30 al
55 por ciento en 2014 y 2016.

La percepción social de que las cosas van mal se disparó en 2016 del 60 al 90 por ciento. La gente no cree en sus gobiernos. Y el análisis de los sociólogos egresados de Ciencias y Humanidades de la UAT y la Secretaría de Salud, coincide que la encuesta levantada en el último semestre en Tamaulipas, revela que el 98 por ciento de “los tamaulipecos no son felices”.

Estas son las estadísticas y los números fríos sobre el estado de ánimo de la sociedad mexicana y tamaulipeca. Todos revelan un enojo social y una frustración terrible, que contrasta con estos días, en donde todos invitan a la reflexión.

Por eso resulta imposible imaginar que en muchos hogares haya armonía, felicidad y festejo. Habrá sus excepciones. Algunos, en la contraparte celebrarán y chocarán sus copas por los triunfos políticos, económicos y laborales, pero eso no refleja ni coincide con el grueso de la población que hoy la está pasando muy mal. 

Como quiera que sea, hay que mantener la esperanza de que esta crisis social termine pronto. La cultura de supervivencia y nuestra historia nos ha enseñado que se puede salir adelante pese a todas estas adversidades.

El optimismo hay que mantenerlo vivo y que el 2017 sea un año que ayude a todos a salir de este bache en que estamos metidos. Un abrazo para todos.

Talachazos
QUE CIERREN LAS PUERTAS.- Es el grito que se escucha en todos los rincones del PRI tamaulipeco, pues la fuga de militantes a Morena es de escándalo. Lo peor es que en Durango, Veracruz y Puebla, el éxodo de priistas está siendo superior al fenómeno que está ocurriendo en Tamaulipas, tanto que llevó al líder nacional Enrique Ochoa a gritar a los cuatro vientos que los que se van son chantajistas que quieren hacer daño al partido. Lo que no sabe el líder priista es que en su Comité Nacional las fracturas ya empezaron a hacerse públicas y el ejemplo más claro es Carolina Monroy, secretaria general del PRI que reventó públicamente contra Ochoa.

EL PAN, VA POR COAHUILA.- Los errores de los hermanos Moreira en Coahuila, tienen ya contra la pared al PRI de aquel estado que tendrá elecciones el próximo año. De Tamaulipas ya salió una expedición de operadores blanquiazules para impulsar allá los vientos del cambio que funcionaron bien en Tamaulipas. Cuitláhuac Bardan, dicen es el capitán de la expedición en aquel Estado que ya empieza sentir la alternancia.