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Columnas: Confesionario

Fuera de control…

/ 05 de Enero, 2017 / Melitón García de la Rosa

Se veía venir, aquí y en análisis de otros periodistas lo advertíamos, México había comenzado a incendiarse y el gobierno de Enrique Peña Nieto, ‘El Piromaniaco’, parecía no darse cuenta, ayer la situación se salió de control ante la salida del presidente que lejos de calmar el encabronamiento nacional, parece haberle echado más gasolina al fuego.

Así es mis queridos boes, fue al mediodía cuando, convertido en la caricatura política que ha sido su gobierno, Peña Nieto salió en cadena nacional a anunciar que Claudia Ruiz Massieu había renunciado a la cancillería (en realidad la corrió) y que en su lugar regresaba al gabinete Luis Videgaray (al que antes había corrido), pero fue ahí donde aprovechó, según él, para explicar las razones del gasolinazo histórico, pidiendo comprensión al pueblo que ya estaba enardecido.

“Es sin duda esta medida (el gasolinazo) una acción que nadie hubiera querido que se tomara, no es una decisión fácil tomar la medida como la
anunciaron, no es el deseo del Presidente tomar una decisión como esta”, insistió.

“Apelo a que la sociedad escuche los motivos y las razones que el Gobierno ha venido exponiendo precisamente del por qué esta decisión, que de no haberse tomado, debo decir, sería aún más dolorosos los efectos y las consecuencias”.

Si, pidió la comprensión que él no tuvo al aumentar de un trancazo el 20 por ciento el precio de los combustibles, olvidándose que apenas un año antes había insistido en que los gasolinazos habían terminado y que incluso iban a bajar los precios.

Para entonces las redes sociales y los activistas ya tomaban casetas de peaje, bloqueaban carreteras, centros de distribución de Pemex, tomaba por la fuerza y gratis la gasolina de estaciones de servicio y convocaba a saquear tiendas de autoservicio.

También para entonces, la comprensión de la COPARMEX (el sindicato de patrones, dueños de las grandes empresas) la ANTAD (que asocia a las tiendas de autoservicio del país), los transportistas y el pueblo en general subía el tono del enojo.

“El Gobierno mexicano ha pedido a la sociedad ser más comprensiva, pero ¿en qué momento el Gobierno será comprensivo con la situación que están atravesando los mexicanos?”, le contestó Gustavo de Hoyos, presidente de la COPARMEX.

“¿En qué momento veremos anuncios del Gobierno sobre planes de austeridad en el gasto, de disminución del gasto corriente, de compromisos con la eficiencia, de la eliminación de gastos superfluos, de disminución de los privilegios para los servidores públicos, de castigo directo y severo a la corrupción —comenzando por la interna—, así como la reducción al Presupuesto, por ejemplo, en materias como la comunicación?”.

Si, no hubo más explicaciones de Peña Nieto hacia los más pobres y los más ricos del país, a los que por igual hizo encabronar con el gasolinazo. Se tomó la foto con el revivido político Luis Videgaray y desapareció de las pantallas.

Ni siquiera un asomo de que se estudiaría la situación que enojó a la nación, menos un disculpen por mi torpeza e insensibilidad, tampoco el anuncio de algún paquete de sucedidos o apoyos a los que el gasolinazo saca del mercado, lleva a la bancarrota o deja sin recursos para mantener a la familia.

La tarde encontró al país sin ganas de comprender al presidente y los suyos, varios grupos, los menos reflexivos tal vez, pero no los únicos enojados salieron a destruir, a saquear, quemar, apedrear. El resultado: 79 tiendas de autoservicio saqueadas por las turbas enardecidas, el botín desde pantallas planas, refrigeradores, ropa y vinos; 170 tiendas cerradas ante la amenaza de la rapiña y poco menos de 190 personas detenidas.

Anoche se daba cuenta de un policía muerto cuando intentó detener el saqueo de una gasolinera en el Estado de México.

Más de 500 gasolineras afectadas por vandalismo, municipios completos incomunicados por los bloqueos carreteros y la amenaza de que hoy subirá el tono de la resistencia civil.

Más allá de los números, las escenas inéditas para el país no podían más que darnos vergüenza, temor y más coraje.

Si bien, los hechos vandálicos no pueden de ninguna manera justificarse, no podríamos condenarlos del todo tras los agravios que la autoridad federal, léase Enrique Peña Nieto, le han inferido al pueblo.

Lo de ayer es una muestra de que Peña Nieto y los suyos han perdido la capacidad de controlar al país, porque señales de que lo qué pasó ayer iba a ocurrir había muchos y no se tomaron medidas preventivas en lo más mínimo, al contrario fue el propio presidente el que con su torpeza política azuzó a los más violentos.

Lo de ayer asusta a los ya de por sí asustados inversionistas internacionales que pronto podrían llevarse su dinero y con ellos miles de empleos a otro país.

Lo de ayer entierra al PRI, que en cinco meses menos un día se enfrentará a la elección en un puñado de Entidades, entre ellas el Edomex, donde una derrota le borraría en definitiva de la careta por el 2018.

Pero lo que es peor, lo de ayer puede ‘calcinar’ a todo México con nosotros adentro, se lo deberemos al PRI de Peña Nieto.

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