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Columnas: Confesionario

Nació muerto…

/ 10 de Enero, 2017 / Melitón García de la Rosa

El Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar dado a conocer ayer por Enrique Peña Nieto fue lo que le adelantamos, un catálogo de buenas intenciones, el intento fallido de bajarle el encabronamiento al país, una más de sus mentiras.

Así es mis queridos boes, el ‘acuerdo’, entre comillas, se conforma según Peña Nieto de cuatro ejes: Proteger la economía familiar, fomentar inversiones y
empleo, preservar la estabilidad económica y preservar y fortalecer la cultura de la legalidad y el estado de derecho, como si la forma de una docena de hojitas fuera suficiente para que todo eso ocurriera.

Y es que el documento que firmaron las partes establece, entre otras cosas, que se realizarán las acciones necesarias para evitar que se dé un incremento injustificado en los precios de los productos de la canasta básica.

‘Injustificado’, ¿quién y cómo determinará si un incremento es justificado o injustificado?, porque si a un microbús le suben la gasolina el 20 por ciento está en su derecho de subir en la misma cantidad el precio del pasaje, lo mismo con el del pan, las tortillas y demás productos y servicios; es decir no hay un compromiso de no subir los productos sino se deja abierta la posibilidad solo diciendo que las alzas no sean indiscriminadas.

“El sector gubernamental (por su parte) se compromete a: Impulsar las acciones que permitan mantener la estabilidad de los precios de la canasta básica, así como vigilar y sancionar cualquier abuso en los términos de ley”, señala el acuerdo, lo que no es más que un bla bla y bla.

El Gobierno asumió como si obligación: emitir un decreto para fomentar el retorno de capitales que se encuentren en el extranjero; modernizar el transporte público y facilitar la movilidad urbana; garantizar un creciente superávit primario, reduciendo el endeudamiento del Gobierno Federal; reducir en 10% la partida de sueldos y salarios de servidores públicos de mando superior de dependencias federales y exhortar a los demás poderes a que hagan lo mismo.

Pero: ¿cómo por decreto van a regresar los capitales que se fueron del país, si acá las cosas están de la fregada y pintan para estar peor?, ¿con qué lana se
modernizará el transporte si no hay?, ¿a qué servidores públicos exactamente se les bajará el salario, por cuánto tiempo y cuánto en millones de ahorrará?
“El Gobierno de la República ejercerá el presupuesto de manera clara, transparente y austera, cuidando en todo momento el gasto social. Se impulsará la plataforma de transparencia presupuestaria, incluyendo información sobre contrataciones gubernamentales”, dijo Peña en el evento de ayer.

“El Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar habrá de ser la hoja de ruta que nos permita mantener y ampliar la fortaleza de nuestro mercado interno contribuyendo a superar el panorama que tenemos frente a nosotros”.

Pero el acuerdo nació muerto, bien muerto y sin consenso, porque la COPARMEX que agrupa a 36 mil empresas desconoció el pacto, que dijeron entre otras cosas conocieron dos horas antes de la firma; es decir le dieron un portazo a Peña Nieto y de paso pusieron en tela de duda su liderazgo miren:

“Urge un acuerdo, sí, pero es más importante que dicho acuerdo sea fruto de un verdadero y amplio consenso social, y no sólo sirva como estrategia de comunicación o imagen pública”, dijeron los patrones en un comunicado.

“Coparmex ha sido reconocida en la sociedad como la conciencia del sector privado. Pues bien, es esa conciencia precisamente la que hoy nos impide suscribir un acuerdo improvisado, incompleto e insuficiente”.

Urge un líder reiteraron: “Los mexicanos necesitan urgentemente un liderazgo que ponga la mirada en los temas relevantes, que con serenidad los afronte sin miedo, con cambios de fondo, que genere consensos sociales en todos los sectores. Que verdaderamente coloque a México como prioridad”.

De ese tamaño es el lío en el que se metió Peña Nieto con el gasolinazo, primero con el pueblo que salió a las calles a protestar, bloquear y en el peor de los casos saquear unas 500 tiendas de autoservicio y luego con los dueños de las empresas que ya le han dado la espalda, dejándolo peor de solo que a ‘Penélope’ en la estación del tren.

La gran pregunta es: ¿hacia dónde mueven Peña Nieto y sus muchachos a México, peleados con todos, con la peor aprobación de la historia y una irritación que ya dio muestras de desbordamiento violento?

Hoy Peña Nieto no tiene quien le defienda, los viejos picudos del PRI, Manlio Fabio, Gamboa Patrón y los gobernadores tricolores, están viendo desde la barrera cómo lo cuerna el toro, no le entran porque saben que les puede ir igual y lo han dejado inmolarse en una especie de circo romano que él mismo organizó. Lo que sus compañeros de partido no quieren entender que la desgracia de Peña Nieto salpicará a todos los priistas y los dejará igual moribundos si no es que tirados en la arena.

Por cierto, ayer un amigo periodista soltó esta frase mientras almorzábamos: “Queremos que el presidente duerma más, que se quede dormido unas 12 horas de perdido, porque con menos horas despierto seguro que nos chinga menos”.

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