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Columnas: La Talacha

No más escándalos

/ 12 de Abril, 2017 / Francisco Cuéllar Cardona

La detención de Tomás Yarrington, pone otra vez a Tamaulipas en el ojo del escándalo político y policiaco. El estado vuelve a ser noticia negativa en la prensa y en la opinión pública nacional y del mundo. El hecho se suma a la larga lista de acontecimientos que colocan a la entidad en un referente de conflictos y problemas desde hace muchos años.

La existencia de bandas criminales cuya operación se remonta a los años 40 y 50’s y que fueron material policiaco y hasta cinematográfico, en los 70 y 80’s, han hecho que Tamaulipas permanentemente esté en boca de todos. El estado, por años, ha sido fuente de malas noticias. Los casi 300 kilómetros de frontera con el país más rico y poderoso del mundo, el privilegio de contar con más de 400 kilómetros de litoral con el Golfo de México. Sus playas, ríos, montañas, bosques, su riqueza histórica, su gente, tiende a opacarse a lado de lo malo que existe y sucede en el entorno tamaulipeco.

Tamaulipas se ha ganado fama de ser una entidad peligrosa y emproblemada a partir de personajes y eventos non gratos.

Desde el “Quinazo”, registrado el 10 de enero de 1989, donde fue detenido Joaquín Hernández Galicia, uno de líderes caciquiles más nefastos de la historia del país; la muerte de José Francisco Ruiz Massieu, en la que participaron los tamaulipecos Manuel Muñoz Rocha y Daniel Aguilar: un político encumbrado en el poder y un campesino del ejido Corralejo, de San Carlos, que fue contratado para asesinarlo, provocaron su dosis de desprestigio al estado; la muerte en Estados Unidos de la cantante de tex mex Selena, ocurrida en marzo de 1995, a manos de su fan Yolanda Saldívar que resultó ser originaria de Jiménez, Tamaulipas; la revelación de la identidad del legendario Subcomadante Marcos que encabezó la rebelión zapatista en Chiapas el primero de enero de 1994 y que resultó ser originario de Tampico, generando escándalo y sentimientos encontrados; el fortalecimiento y crecimiento de los cárteles de la droga que convirtieron al estado en su parcela de poder llevando su lucha y sus prácticas criminales al resto del país, colocando a la entidad en una posición de miedo; el oprobioso crimen contra el candidato a gobernador Rodolfo Torre Cantú que sigue impune y que se inscribe entre los homicidios políticos más impactantes del país; la masacre de San Fernando donde se privó de la vida a decenas de indocumentados centroamericanos a manos de bandas delincuenciales y que está considerada por las organizaciones de Derechos Humanos del mundo y de la ONU como un acto de barbarie de lesa humanidad; los asesinatos y atentados contra periodistas que tienen a Tamaulipas como un estado en donde es imposible hacer periodismo con libertad.

En el marco de esta interminable lista negra de noticias y acontecimientos nocivos, se contextualiza la captura del ex gobernador Tomás Yarrington que coloca a Tamaulipas en una posición incomoda.

Tamaulipas y Sinaloa son dos entidades con historias muy parecidas; han crecido desde hace más de 50 años al amparo del crimen y sus intereses contaminaron el poder público: En el pasado reciente funcionarios, alcaldes, diputados, gobernadores de todos los partidos fueron alcanzados e infiltrados por la delincuencia.

El mal ejemplo cundió en el resto del país, y hoy, la delincuencia alcanza la punta más alta de la pirámide del poder en México.

Tamaulipas necesita reinventarse como estado. La sociedad está lastimada y desencantada; existe una gran crisis emocional e institucional. Lo de Yarrington debe servir de escarmiento para todos y debe ser tomado como un parteaguas para moralizar la política y el ejercicio del poder.

La justicia mexicana o gringa, donde se va a juzgar al ex gobernador, decidirá su pena y su culpabilidad, pero su castigo debe ser una llamada de atención para quienes desde el poder público, tejen alianzas y complicidades con la delincuencia. Quienes lo hagan, que se atengan a las consecuencias, pero Tamaulipas ya no está para más escándalos. Este es el mejor momento para que la sociedad tamaulipeca esté más despierta y asuma un papel más activo y crítico sobre el trabajo de sus autoridades.
La tarea es de todos.

Talachazos
FESTEJO Y TRISTEZA.- La noticia sobre la captura de Tomás Yarrington causó sentimientos encontrados en el priismo de Tamaulipas. Para los adversarios políticos del ex mandatario fue un regalo, para otros: dolor; y no porque les duela Tomás, sino porque con su captura, el PRI como partido se hunde más en el descrédito y el desprestigio.

El PRI en Tamaulipas vive tiempos de confusión porque no hay un liderazgo que una a la base y no se ve para cuándo el Comité Nacional tricolor venga a sacar del desencanto a la militancia. Y la fuga de priistas hacia Morena, sigue sin parar. Los números hablan no cientos, sino de miles…