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Columnas: Laberintos del poder

¿De qué se ríe Duarte?

/ 17 de Abril, 2017 / José Azpeitia

¿De qué se ríe Javier Duarte?
La pregunta, que alguna vez se aplicó al político italiano Silvio Berlusconi y en el plano nacional al narcotraficante Édgar Valdez “La Barbie”, cuando fueron detenidos en acciones ajenas una a la otra, resuena una vez más en el caso del ex gobernador de Veracruz, al ser aprehendido.

¿A qué obedecía su buen humor, lindante en el trato de broma a algunos de quienes le rodeaban y su aparente serenidad?
Puede haber varias explicaciones, pero resulta curiosa, por no decir sospechosa, la forma en que fue detenido en el lujoso hotel guatemalteco donde se hospedaba, en el lago, dicen, más bonito del mundo.

De acuerdo a la propia Procuraduría General de la República, Duarte fue notificado con una llamada de que estaba rodeado y que saliera de su habitación. No hubo resistencia alguna, el ex mandatario salió con calma, fue recibido con cortesía y en todo el tiempo que fue expuesto a las cámaras mostró una tranquilidad sorprendente. Ni un atisbo de preocupación y mucho menos de temor. Igual cara hubiera tenido, se diría, en la sala de espera “Vip” de algún aeropuerto.

¿Sabe algo Duarte que la gran mayoría de los mexicanos no sabemos?
En la percepción de su servidor, resulta difícil establecer un paralelismo entre las razones que tenía “La Barbie” y las que podría tener Duarte. El primero tenía asegurado de antemano un trato especial a su favor a cambio de entregar información sobre sus colegas y por eso sonreía. Duarte no parece caer en esas circunstancias.

Pero existen otras posibilidades. No son probables es cierto, pero posibles sí.
Soy un lego en Derecho procesal, pero por simple observación queda claro que los tribunales están saturados de juicios en donde aparece la figura del “desvanecimiento” de pruebas, por la no comprobación a plenitud de los cargos y por lo tanto su anulación judicial o concesión de amparos, así como la justificación a última hora de los supuestos daños al erario. Justicia y gracia para los amigos, decía don Benito Juárez.

Más aún, si el juicio de Duarte se llevará a cabo –como debe ser– dentro del marco normativo del nuevo sistema penal, son tantas las fallas, omisiones y lagunas de esa modalidad que han mostrado generosamente tanto la PGR como las procuradurías estatales, que vaya usted a saber si a final de cuentas no terminarán las autoridades ofreciendo un “usted disculpe”. Exagero desde luego, pero es una forma de asomarse a un largo proceso con final indefinido.
De una manera u otra, sabremos de qué se reía Javier Duarte…

Justa valoración
Por el período vacacional y sus efectos en el rango de prioridades de la mayor parte de la población, considero que el tema no fue valorado en la dimensión que merece.

Me refiero al evento celebrado la semana pasada en Mission, Texas, para develar una placa en honor del legislador estadounidense John Cornyn, al cual asistió como invitado el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca.

En la superficie podría parecer un acto protocolario en el marco de la cortesía binacional, pero en el fondo encierra dos factores que tienen una importancia capital para Tamaulipas.
El primero es el juicio formulado por el político sobre el mandatario tamaulipeco, al cual definió como un aliado “joven y visionario” con el cual, dijo,
juntos podrán enfrentar los retos que tienen Estados Unidos y México.

No es lo anterior sólo una cortesía de tipo diplomático.
El autor de esas palabras es el segundo hombre en importancia en el liderazgo del partido Republicano en el Senado norteamericano, el partido del Presidente Donald Trump. Es una voz con enorme influencia y voto de calidad en ese poder y lo más importante: está del lado de los tamaulipecos.

Hay que dimensionar el trabajo extra fronteras que realiza el gobernador. En actos sencillos, está obteniendo resultados de alto impacto…

Twitter: @LABERINTOS_HOY