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Columnas: La Talacha

Borregada tricolor

/ 19 de Junio, 2017 / Francisco Cuéllar Cardona

Los acuerdos cupulares que se están dando en el PRI de cara a la renovación de su dirigencia estatal, están acrecentando odios y resentimientos. Dicen que el partido no aprendió la lección de la derrota que le costo dejar el poder y siguen recurriendo a las viejas prácticas que los han empujado al rechazo y al descrédito con la sociedad.

La semana pasada ocurrió un hecho que enardeció a un grueso sector del priismo: Se reunió Óscar Luebbert con Baltazar Hinojosa y Manuel Cavazos Lerma en donde se pactó el respaldo para llevar a la dirigencia al reynosense. Del encuentro no hay problema, dicen los inconformes. El asunto son los amarres que se están haciendo desde ahora, pero a espaldas de la militancia. Resulta que Balta daría su aval a Luebbert, para que éste, desde el partido, le pavimente el camino hacia la candidatura al senado, y el compromiso con Cavazos es apoyar el proyecto de Miguel Cavazos, hijo del ex gobernador para una diputación federal.

Además, los grupos ya tienen un “Plan B” por si Luebbert no logra alcanzar la dirigencia, y este consiste en habilitar como prospecto a Homar Zamorano. Todo lo están haciendo desde la cúpula sin considerar ni tomar en cuenta a la base tricolor; tampoco están haciendo caso al Comité Nacional y a su delegado, más aún cuando desde ahora se anticipa que Enrique Ochoa tiene un pie fuera en la dirigencia nacional. Sus días están contados y será la Asamblea Nacional de agosto, el último evento que presida como mandamás tricolor. Así que, mientras eso sucede, los grupos que tienen el control político del partido desde hace 20 años en Tamaulipas, seguirán decidiendo por encima de la base, que una vez más será testigo mudo en el reparto de posiciones.

El enojo de la militancia tricolor contra sus líderes es que siguen sin voltear los ojos hacia abajo; todas las decisiones son tomadas desde arriba por una cofradía voraz que se repartió el poder a su antojo cuando lo tuvo, y mantuvieron secuestrado al partido sin consultar si las bases estaban de acuerdo.

Aún cuando reconocen que Óscar Luebbert es un cuadro probado dentro del partido, donde ha sido todo, le reprochan su elitismo y su alejamiento de los priistas de a pie. Es un tipo que no mira hacia abajo, que se encierra y no escucha. Cuando le toco dirigir el partido en los tiempos de Manuel Cavazos Lerma, solo vio por él y su círculo de cuates. Tampoco convivió con la gente que le dio su voto cuando fue senador de la república. Jamás se preocupó por gestionar nada para el estado. Es un burócrata que ha vivido del partido y se ha servido de el. Incluso los mismos priistas no olvidan que cuando perdió el PRI la alcaldía de Reynosa a manos de Francisco García Cabeza de Vaca en el 2004, hubo muchos loubberistas que contribuyeron a esa causa, y desde entonces estos mismos abrazaron el proyecto del ahora gobernador panista.

Luebbert es una figura dentro de las filas priistas, pero eso no garantiza que sea el hombre idóneo para sacar a su partido del abismo en que se encuentra. Las circunstancias del PRI y del estado son otras; ya no son poder y tampoco tienen los recursos para comprar y alinear a los inconformes. Además, los mismos priístas que le ponen peros a Óscar dicen que más que la dirigencia del PRI estatal, lo que busca es que su esposa la diputada María Esther Camargo se convierta en candidata y alcaldesa de Reynosa. Sobre eso anda, y lo que menos le interesa es volver a hacer un PRI protagonista y ganador.

Pero a Luebbert, le tienen sin cuidado lo que digan los de abajo. Él le apuesta a tener el consenso de las élites priístas locales y nacionales para conseguir sus objetivos. Sabe y conoce la idiosincracia tricolor. Cree que si consigue el voto de los notables, por inercia, todos terminarán alineándose. Así es el priísmo: patalean, gritan, protestan, hacen sus berrinches y acaban esperando la línea para elegir a su líder. Esa es la naturaleza de la borregada tricolor.

Talachazos
LA LUCHA POR VICTORIA.- Sin duda que en la capital tamaulipeca, la figura política es el alcalde Óscar Almaraz, por que se ha puesto el overol, haciendo a un lado diferencias o confrontaciones partidistas. Y es tanta su fuerza que ningún priista capitalino le puede disputar el derecho de buscar la reelección el próximo año. Sin embargo, en la política se dan acuerdos que obliga a los actores del poder a disciplinarse y a ser institucionales, y Óscar sabe jugar bajo esas reglas. Aún así, el Alcalde victorense está en la posición cómoda de decidir el futuro que mejor le convenga.

En cuanto al PAN, en Victoria sólo tiene dos cartas: el doctor Xico y Arturo Soto que en la pasada elección sacaron muchos votos que les da el derecho de moverse y buscar de nuevo la nominación. Fernando Campos podría entrar en discordia si Xico y Soto llegan a chocarse entre sí. Aunque habrá que preguntarle a los que votaron por ellos el año pasado, si lo harían de nuevo en el 2018.

Por el lado de Morena, desde ahora apunte a Lalo Gattas y a Felipe Garza Narváez.