Dos bellas metáforas me llaman poderosamente la atención en el prefacio del “Contrato Social” escrito por Juan Jacobo Rousseau. “La marcha de la razón” y “La Caravana de la Inteligencia”. El escritor y filósofo de origen suizo era ciertamente un hombre de fe, pero no una fe religiosa, sino civil. Sabía que la sociedad había llegado a una mayoría de edad, en la cual requería ceder sus libertades al Estado, a cambio de que éste le garantizara una vida justa. El alma de esta filosofía era el Estado de Derecho.
Con todo y el riesgo que implica el carácter subjetivo de los valores éticos, como es el caso de la justicia, me parece más sólido el enfoque cultural que el meramente formal y jurídico. Este último se ha desvirtuado a la luz de la decadencia moral y la corrupción propia de un sistema lucrativo y consumista, como es el que globalmente nos rige.
El fundamento cultural de justicia, obedece en cambio a un consenso social sobre lo que es justo y lo que es injusto. En este último, es la comunidad la que se erige en juez para calificar excesos como la arbitrariedad, el autoritarismo y la impunidad. Ni más ni menos que lo que está ocurriendo en nuestro país.
En la actualidad, el gobierno mexicano y sus instituciones de dimensión municipal, estatal o federal, están literalmente pisoteando las reglas técnicas del derecho. Y con ello le dan la espalda a la equidad y a la honradez, los dos pilares sobre los que descansa la justicia. Esto quiere decir que se ha perdido el sentimiento de rectitud, ahora ocupado por el disimulo, la complicidad y el bandolerismo, elevado a rango oficial. Tristemente, la perversión del derecho se ha anidado en el mismísimo sello constitucional donde moran nuestros símbolos de la máxima norma, la formalidad y la soberanía.
Si la impartición de justicia es una manera de valorar el derecho, entonces hay que preocuparnos ante una sociedad que cotidianamente es víctima y rehén de la delincuencia, en sus más diversas manifestaciones. Para decirlo más llanamente, las abultadas cifras en materia de robos, de asaltos, secuestros y asesinatos, son los más contundentes ejemplos de que en nuestro país, el gobierno ha perdido el control sobre la seguridad ciudadana. Y de que, pese a los desgastados discursos, vivimos en una constante zozobra, donde no existe el Estado de Derecho.
La consecuencia más descarnada es el calvario de una sociedad con hambre y sed de justicia. Una sociedad desilusionada que hasta ahora no ha encontrado en las actuales formas de la política, una respuesta adecuada a sus elementales intereses. Los partidos, como conductos de la legalidad entre la ciudadanía y el aparato del poder, están dando muestras de decadencia y de corrupción. A estas alturas, estamos hablando de un sistema mexicano que requiere algo más que pactos analgésicos, o simples mejorales para taparle el ojo al macho.
Recientemente el ex presidente Zedillo habló de que en México hace falta un eficaz Estado de Derecho, aunque su calidad moral, por aquello del genocidio de Aguas Blancas y Acteal, no lo deja tan bien parado. El ex secretario de Salud del zedillismo y ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, también habló de ello. ¿Será coincidencia? ¿O el Zedillismo ha visto la oportunidad de presionar a Peña Nieto, por aquello de su cercanía con Salinas?.
El problema es que la política y quienes la ejercen o la han ejercido, han perdido autoridad para pontificar sobre el tema. Las voces del cambio, necesariamente tienen que nacer de la sociedad civil. Pero para ello deben de darse profundas reformas que le quiten a la partidocracia y a sus “bróker” del poder, los privilegios que ahora tienen.
La facultad de barrer con la podredumbre, no se vende. Y está plasmada en el 39 constitucional. Si el cambio no viene desde arriba. Hay que impulsarlo desde abajo. Justamente La Marcha de la Razón y La Caravana de la Inteligencia… las dos bellas metáforas, anidadas en el Contrato Social de Rousseau.
LIBRADO SALINAS HACE HISTORIA EN EL IMPULSO DE LA INGENIERÍA CIVIL TAMAULIPECA
La XXII Semana académica de Ingeniería Civil de Tamaulipas que culmina este siete de noviembre, y que fue inaugurada por el alcalde Alejandro Etienne Llano, volvió a registrar un lleno completo en el máximo auditorio del “Amalia González Caballero de Castillo Ledón”. En ella, debemos destacar la participación del ponente Librado Salinas, uno de los profesionistas tamaulipecos que sigue brillando con luz propia, como director de importantes obras en la capital de la república.
Siguiendo la tradición de años anteriores, Librado fue invitado por el Tecnológico de Victoria para encabezar un ciclo de conferencias, en las cuales destacaron también autoridades en la materia, como el ingeniero Arturo Humberto Martínez Bernal, quien sustentó la conferencia denominada “El responsable de Obra y sus Funciones”. Otra de las interesantes charlas expuesta por el ingeniero Ernesto Bautista Arredondo, abordó el tema de “La Auditoría y la Función Pública”. A su vez, el ingeniero civil Miguel Ángel Gómez Serrano disertó en torno a “La Licitación Pública”.