3 abril, 2025

3 abril, 2025

Ayotzinapa punto de partida para jóvenes

columna invitada

La consternación y hasta el más colérico sentimiento de impotencia por los resultados arrojados sobre la búsqueda de los 47 jóvenes normalistas de Ayotzinapa son válidos, sin embargo estimado lector quisiera provocarle una sincera reflexión ¿Cómo siempre el mexicano se quedará en el auto-flagelo por el viejo paradigma de que fueron víctimas del Estado o convertirá a los normalistas caídos en punto de partida para la construcción de una verdadera nueva realidad para los jóvenes?.

En 1985 la autora Guillén presentó un excelente trabajo de observación sobre la juventud desde la óptica que es un producto de las relaciones de poder. En este tratado, clasifica por edades y jerarquiza a la sociedad estableciendo que existía una relación de dominación entre generaciones, siendo el tema central que los adultos fincan una relación con la formación de los jóvenes y el control que puedan ejercer sobre éstos. Esto significa que los adultos buscan tener control sobre los jóvenes.

Como usted recordará, la generación de jóvenes que tomaron el control de su propio tiempo comprendido entre el periodo de 1968 a 1972, casi dos lustros después son los que justamente gobernaron esos tiempos. Por ejemplo, la historia de la crisis —de aquella época— de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) poco se pudiera ilustrar sin un joven brillante e inquieto llamado Raúl Carrancá y Rivas, quien dos lustros después se convirtió en un catedrático respetado y uno de los mejores constitucionalistas del país. Otro caso, la humilde jovencita de pelo suelto al estilo afro que entró al periódico El Universal por el acceso contiguo a la avenida Reforma en la Ciudad de México para inscribirse como participante en el Concurso Nacional de Oratoria, mismo que conquistó el primer lugar, después de 20 años esa misma mujer dirigiría los destinos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y así como Beatriz Paredes Rangel, como Carrancá y Rivas, existen una serie de ejemplos de los jóvenes setenteros que no fueron oprimidos por sus sociedades y, mejor aún, no se auto-reprimieron en su propio tiempo teniendo como consecuencia que después fueron rectores de otras décadas.

Guillén identifica claramente que en el control que ejercen los adultos particularmente sobre la preparación y especialización de los jóvenes, son un mero asunto de subordinación basado en la primicia que los mayores son poseedores del conocimiento, experiencia y la verdad lista para ser transferida a las nuevas generaciones. Mientras los adultos subyugan a la juventud por una supuesta falta de capacidad de autodeterminación propia de la edad, al paso los convierten en objeto-sujeto de aprendizaje, justificado o no.

Si bien el caso Ayotzinapa no es culpa del Estado encabezado por Enrique Peña Nieto y ni de la sociedad guerrerense de este tiempo, quizás la luz se encuentra en el tratado de la autora que ubica la generación de 1985. Mientras la generación que fue oprimida por el Estado en 1968, más no subyugada por su sociedad, son los otrora jóvenes que encabezaron los tiempos en 1988. Sí en 1985 no existió una juventud oprimida por el Estado pero sí por su sociedad, ¿Es la generación que se empezó a perder en 2005? Sólo recuerde estimado lector que la crisis de la narcoviolencia inició en 2003, tomando niveles escandalosos desde 2005 y justamente eran los otrora jóvenes de 1985.

De acuerdo al Índice Nacional de Participación Juvenil 2013 publicado por la asociación civil Jóvenes en Movimiento, dice –y cito directamente- “el ejercicio electoral de 2012 evidenció que la juventud mexicana, más allá del grupo apático que suele considerarse, es un segmento de la población con inquietudes sobre la estructura democrática e intereses de participación y acceso a la toma de decisiones”. Lo que están diciendo los jóvenes de 2013 que están aspiran a incidir en su tiempo, sí se les permite participar libremente ¿Estaremos ante los constructores similares del ’68, o no?. (Los documentos aquí citados, puede encontrarlos en www.daviddorantes.mx).

Hoy México está en vilo por la crisis social y de posicionamiento público internacional generado por el caso de Ayotzinapa, y también sumemos la crisis universitaria y de posicionamiento público regional generado por el caso del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en ambos casos el tema central son los jóvenes. Hoy el contexto es diametralmente diferente a 1968 y 1985, hoy no existió –en ninguno de los dos casos- un Estado opresor y ni una sociedad subyugante, sin embargo estamos frente una probable pérdida del rumbo de los jóvenes de 2014, que son quienes regirán o pudieran regir los tiempos en las próximas dos décadas. De ahí que resulta apremiante pasar del auto-flagelo a la construcción de una nueva realidad social para la juventud misma, convertir en un punto de partida el artero crimen de los normalistas no solo resulta un asunto futurista, sino que es más urgente de lo que se piensa colectivamente porque en este momento uno de cada cuatro mexicanos son jóvenes entre 18 y 30 años de edad.

Sin proponérselo, la atención de la opinión pública nacional e internacional está puesta en la juventud mexicana –para bien o para mal- ¿No resulta hasta orgánico que en este momento postule esa juventud el próximo escenario social desde su exigencia para sumar a todos, jóvenes o no? ¿Usted qué opina?
www.daviddorantes.mx

Facebook
Twitter
WhatsApp