TAMPICO, Tamaulipas.- Nació como un imperio. Creció y prosperó con el mismo perfil. Y prácticamente hoy ha muerto en el abandono y el saqueo.
Fue el consorcio obrero-empresarial que Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, construyó con recursos del sindicato petrolero y que en su momento llegó a cuantificarse en la década de los ochenta, casi treinta años atrás, en más de 3 mil millones de dólares.
Las propiedades que tenía el gremio petrolero cuando Hernández Galicia era líder “moral” fueron tan numerosas como valiosas. El sindicato gozaba de una indudable y creciente fortaleza financiera que le permitieron desde 1953 y durante décadas adquirir en diversos puntos de Tamaulipas, terrenos urbanos y rurales, ranchos agrícolas, crear tiendas comerciales y de materiales para construcción, granjas, gasolineras, salas de cine, transporte de carga, instalaciones recreativas en la costa, funerarias, hospitales, fábricas de ropa industrial y de jabón, un periódico, hoteles y hasta, se decía, invertir en la fabricación y flete de buques cargueros. Sus dominios se extendían no sólo en el estado, sino también en San Luis Potosí y Veracruz.
Ahora, a dos días de cumplirse el primer año de la muerte de “La Quina”, nada de esos bienes queda igual. La mayor parte de estas propiedades ya no están en poder del sindicato petrolero, porque fueron vendidas a la iniciativa privada para edificar tiendas y plazas comerciales.
De acuerdo con información recabada por Alfonso de los Reyes Villarreal, investigador de la historia de Madero, cuando “La Quina” llega como secretario general del sindicato, la construcción de las tiendas de consumo se disparó, al igual que la edificación de las tiendas de materiales.
En la reseña de Dora Alicia Carmona escrita en Memoria Política de México, se afirma:
“(Hernández Galicia) creó a través del sindicato 72 granjas agrícolas, 15 tiendas de consumo con precios más bajos a los del comercio privado, fábricas de ropa y de jabón, gasolinerías, funerarias, clínicas dentales, cines, tiendas de materiales para construcción, talleres mecánicos, refaccionarias, balnearios, hoteles y un hospital naturista, con restaurante”.
En el mismo contexto, Francisco Ortiz Pinchetti (Proceso, No. 638) escribió que Hernández Galicia también “construía caminos, entregaba placas de taxis, pavimentaba calles, financiaba siembras, otorgaba préstamos, castigaba indisciplinas, repartía contratos y canonjías, ayudaba a desvalidos, perdonaba deudas, mandaba golpear disidentes, edificaba casas, apoyaba obras pías, designaba directores de escuelas y desde luego, decidía presidencias municipales.
YA NO ESTÁN
La gran mayoría de esas propiedades ya cambiaron de manos. Prácticamente sólo el antiguo edificio del sindicato sigue funcionando y los locales que están en la parte baja siguen generando ingresos.
El cine Madero que funcionó durante muchos años, en el cual se presentaron obras de teatro y conciertos, fue desmantelado y ahora es un estacionamiento. Los murales que estaban en sus paredes al interior, que fueron pintados por Juan de los Santos Retta en 1976, han sido destruidos.
Lo que significó un orgullo petrolero, el Centro de Convenciones —conocido en otro tiempo como “Quinadome”— sigue ahí. En ese terreno antes estaba el gimnasio de Árbol Grande y el recinto sindical de la Sección 21. Edificado sobre un espacio de más de diez mil metros cuadrados, tiene salones anexos en sus alrededores, también tenía una alberca techada, gimnasio y una biblioteca.
El hospital Naturista, ubicado en la playa Miramar, está abandonado. El edificio fue construido por Hernández Galicia a finales de 1970 y principios de 1980 de acuerdo a Alfonso de los Reyes Villarreal.
Es de tres pisos y tenía una alberca. Al lado del hospital se mandó construir el Centro Recreativo que tenía una alberca, tobogán y un restaurante abierto al público, el cual se proyectó como un centro recreativo similar al que tiene el IMSS en Oaxtepec, Morelos.
Las tiendas de consumo y materiales fueron vendidas a empresarios locales en operaciones que en algunos casos están sembradas de dudas en cuanto a su legalidad.
El empresario y ex alcalde tampiqueño Arturo Elizondo es uno de los beneficiarios visibles.
Por ejemplo, la tienda de las calles Jaumave y Álvaro Obregón es un Arteli Express. Lo mismo sucede con el edificio de la calle Pedro José Méndez entre Rivas Guillén y Obregón de la zona centro de Madero: También es ahora una tienda Arteli.
El Arteli de la calle Díaz Mirón e Isauro Alfaro de la zona centro de Tampico también fue una tienda que Hernández Galicia mandó edificar.
El súper Aka ubicado frente a las instalaciones de la Unidad Deportiva de Madero, antes era una tienda de consumo. En tanto que las tiendas Proconsa como la ubicada en avenida Tamaulipas, sigue aún sin ocuparse, está abandonado y su patio lleno de vegetación. Sin embargo, se tiene proyectado levantar una plaza comercial.
Otra de las tiendas fue la de la Unidad Nacional. Después de funcionar ahí durante un tiempo el restaurante Vips, quedó vacía de nuevo, y ahora se renta a un bar, un restaurante de pizzas, una tintorería, y a un salón de fiestas.
Mientras que la conocida como “La Pirámide”, ubicada en la plaza de la Ampliación de la Unidad Nacional, que estuvo abandonada un tiempo, ya fue vendida por el sindicato y ahora está ocupada por una plaza comercial.
Es también el caso de la funeraria de la Sección Uno ubicada en la calle República de Cuba esquina con Primero de Mayo de Madero. Hoy es propiedad privada.
La última propiedad vendida hasta ahora, es la de la alberca ubicada en un amplio terreno, está en el boulevard Adolfo López Mateos fue vendida a la cadena HEB y que esta por inaugurar una tienda este mes.
Antes de eso, el periódico “El Mundo”, manejado a trasmano por Joaquín, fue cerrado por una huelga desde hace más de diez años, mientras que las granjas, ranchos y barcos fueron, al parecer, absorbidos por el grupo industrial SERBO, propiedad de uno de sus socios, Sergio Bolaños, encarcelado por un tiempo cuando “La Quina” fue aprehendido. El empresario no ha soltado palabra sobre el tema.
En el caso del transporte, se perdió la pista de quien también fue otro de sus socios, Abel Oseguera, dueño del entonces poderoso grupo OSMISA, que manejaba casi todo el movimiento de combustibles con “pipas” en el noreste del país.
En los expendios de gasolina, que poblaban Tampico y Madero, su socio público era Arturo Rodríguez, quien también fue alcalde del puerto por mandato de “La Quina”. Arturo ya falleció desde hace tiempo, pero las gasolineras jamás volvieron a las manos de Joaquín o de alguno de sus familiares.
El saqueo de los bienes empezó desde el primer día que Hernández Galicia pisó la cárcel. El abandono de lo que sobró, a un año de su muerte, es la nueva realidad.
La voz de “La Quina”, a un año de su muerte
El 23 de noviembre de 2011, Joaquín Gernández Galicia concedió la que prácticamente fue la última entrevista a un medio de comunicación. La revista hermana EN PÚBLICO fue la depositaria de sus confidencias.
Hoy reproducimos un resumen de ese trabajo, en vísperas del primer aniversario de su muerte.
Héctor Garcés
A sus casi 90 años de edad, Joaquín Hernández Galicia, se confiesa y expresa sus gratos e ingratos recuerdos de presidentes, gobernadores y alcaldes.
De Lázaro Cárdenas, a quien no conoció personalmente, dice, con brillo en los ojos: ‘es mi héroe. Nadie se compara con él’.
—¿Ni su hijo Cuauhtémoc Cárdenas?, se le pregunta a quien fuera máximo dirigente del sindicato petrolero por casi tres décadas.
«No, es buena persona, pero le falta carácter. Su padre era otra cosa. Ya no hay presidentes como él».
A Adolfo López Mateos, el presidente que lo llevó a la cumbre sindical, también lo pone en un altar: «es mi ídolo, fue un gran presidente, pero primero está Lázaro. A López Mateos le encantaban las mujeres, siempre había damas muy bellas rodeándolo. Era bien macho».
Entrevistado en su casa de la calle San Luis, en Ciudad Madero, Hernández Galicia goza con las anécdotas forjadas al calor de la singular política mexicana.
En medio de todos esos recuerdos, se le suelta a bocajarro la pregunta:
—Si viera ahorita a Salinas al salir a la calle, ¿qué le diría?…
«Lo agarraba a ‘chingadazos», responde de inmediato y todos los presentes sueltan una carcajada’.
—¿Cómo está de salud? ¿Cómo se siente?
«Veo todo claro, sé por qué pasan las cosas en la política, sé quién ha sido buen presidente y quiénes han sido malos. Sé que ahorita los partidos no son partidos, sino mafias que se turnan en el poder. Ahí tiene a los perredistas que antes usaban chamarras y ahora andan bien trajeados. Todos ellos se ponen de acuerdo con el PAN, se ponen de acuerdo con el PRI, se van rolando los puestos y viven a toda madre. No es justo que un pueblo los esté manteniendo y que la prensa se calle… no es justo que los políticos vivan como reyes o marqueses a costa de un pueblo hambriento».
—¿Del presidente López Mateos qué recuerdos guarda?
«Patriota, muy patriota… Cuando dijo que en la marcha del petróleo ni un paso atrás, porque es de los mexicanos, así fue, ni un paso atrás… un gran presidente, ya no ha habido otro como él… bueno, le siguió un poco Luis Echeverría…»
—¿Y de Luis Echeverría qué recuerda?…
«Nos dio las 40 horas… eran buenos contratos colectivos de trabajo».
—Luis Echeverría vive… ¿ya no se hablan?
«No, está muy viejito y no nos comunicamos. Pero con nosotros fue un buen presidente».
—¿Y con López Portillo?…
«El mayor logro fue el Dique Seco».
Hasta ahí llegan los buenos recuerdos. Llegan los tecnócratas al poder con Miguel de la Madrid Hurtado y comienza el apretón de tuercas financieras en el sindicato petrolero y las primeras y francas amenazas de encarcelarlos.
«Con el que batallé mucho fue con Miguel de la Madrid, por sus negocios, por imponer a Mario Ramón Beteta, un banquero… ¿Qué sabe un banquero de Pemex? Hágame el favor…»
—¿Y qué nos cuenta de los gobernadores con los que convivió? ¿Cuál fue el mejor?
«Pues Enrique, Enrique fue el mejor. Enrique puso verde todo el estado. Sorgo, maíz y soya por todo el estado. Para mí, Martínez Manautou también fue buen gobernador, pero sobre todo Enrique Cárdenas. Son los mejores gobernadores que hemos tenido…»