ISIS es una mutación. Y como sucede con cualquier mutación, intentar combatirla, “degradarla” o “destruirla” a partir de estrategias similares a las que se utilizaban para combatir sus formas anteriores, resulta poco atinado. Es indispensable entender con la mayor claridad posible en qué consiste esa mutación, qué contextos le favorecen y cuáles son sus diferencias con Al Qaeda, organización de la que ISIS procede.
ISIS, como Al Qaeda, es en esencia una idea. Una idea que se encuentra, en buena medida, contenida en su nombre. Cada vez que decimos “Estado Islámico”, así, sin limitar sus fronteras, estamos llamando a esta organización del modo en que quiere ser llamada, no un grupo terrorista, sino un Estado sin fronteras definidas. Por lo tanto la fuerza de ISIS está más en el campo de lo político, lo simbólico y lo psicológico que en el mundo material, pero a diferencia de otros grupos terroristas, dicha fuerza sí contiene un importante ancla en el mundo material. ISIS aprende de Al Qaeda la eficacia de las tácticas terroristas y de la utilización psicológica de la violencia, el uso del discurso para alcanzar una imagen global en su lucha por la jihad, Pero ISIS decide mejorarlo a través de: (a) Un empleo aún más sofisticado de las nuevas tecnologías, y (b) al mismo tiempo, brindar un contenido de realidad a ese eficaz y atractivo discurso a partir de establecer un califato con un territorio real.
La fórmula es mágica. Al Qaeda sólo cometía atentados y hablaba desde las catacumbas para justificarlos. El Estado Islámico, en cambio, no se esconde. Existe de manera abierta y frontal. Conquista. Domina y defiende. Por lo tanto, la idea de ISIS adquiere una energía aún mayor que la de Al Qaeda y le permite exportarse como marca franquiciable.
ISIS es grupo terrorista, milicia insurgente y ejército, pero también un proto-Estado con territorio y funciones de gobierno. En ello es donde ISIS fundamenta su atractivo. Sin embargo, también es justamente en esa idea anclada a lo material, donde quizás radica su mayor debilidad. ISIS es lo que es porque controla un territorio que atraviesa las fronteras de Siria e Irak, porque tiene bajo su dominio aldeas, pueblos y pozos petroleros. Por lo tanto, producir un impacto real en esa idea requiere de mermar su capacidad de mantenerse como “Estado” reduciendo su territorio y/o su capacidad de gobierno.
El problema es que para lograrlo, se necesitaría pensar de formas diferentes a las tradicionales. Combatir el extremismo a través de vías militares no ha sido precisamente eficaz en las últimas décadas. Se puede golpear a ciertas organizaciones o a su liderazgo. Pero si el contexto que les alimenta permanece intacto, entonces estos grupos terminan mutando, emergen nuevos liderazgos y nuevas formas del mismo fenómeno.
Combatir eficazmente a ISIS requeriría, en suma, atender de raíz el entorno que permite su emergencia y fortalecimiento: la guerra civil en Siria y el irresuelto conflicto en Irak. Es necesario cambiar el switch con el que llevamos décadas operando. La meta más que “destruir” a ISIS, como la plantea Obama, debiera ser construir condiciones de paz, y hay una gran diferencia entre ambas.
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