3 abril, 2025

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Obispos: Predican, santifican…y gobiernan

Ejercen su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que les ha sido confiada, asistidos por los presbíteros (sacerdotes) y los diáconos.

Cristo llamó a doce hombres. Quiso asociarlos a su misión y así vivió con ellos, comió con ellos, pasó las mismas penalidades, sufrimientos y alegrías que ellos pasaron. Estos doce hombres fueron llamados apóstoles. Cristo, al instituir a los Doce, “formó una especie de Colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él.” (Lumen Gentium 19

De esta manera, San Pedro y los demás apóstoles forman un grupo que se llama “Colegio Apostólico”. Los sucesores de los apóstoles, de este colegio apostólico son los obispos.

El Catecismo de la Iglesia Católica en el número 886 dice que “cada uno de los obispos es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares. Como tales ejercen su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, asistidos por los presbíteros (que son los sacerdotes) y los diáconos. Como miembros del colegio episcopal, que es la reunión de todos los obispos, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las Iglesias, solicitud que ejercen primeramente dirigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal. Esta solicitud se extenderá particularmente a los pobres, a los perseguidos por la fe y a los misioneros que trabajan por toda la tierra.”

¿Qué hace un obispo?

Tres son las funciones de un obispo: enseñar, santificar y gobernar.

Enseñar

Los obispos tienen él deber de anunciar a todos el Evangelio de Dios, según el mandato que nos dejó Cristo de ir por todo el mundo para predicar el Evangelio.

El oficio del obispo, en materia de enseñanza no es sólo el de la predicación, el de dar a conocer la palabra de Dios. Debe también vigilar para que esta palabra de Dios no sufra desviaciones y fallos para que de este modo quede garantizada a todos los fieles la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica.

Para cumplir este servicio Cristo ha dotado a los obispos la infalibilidad cuando ejercen su ministerio con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico.

Esto no quiere decir que los obispos sean infalibles, sino que la asistencia divina les es concedida cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. Todos nosotros debemos adherirnos a las enseñanzas de los obispos cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice.

Santificar

La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia particular. Por lo tanto, al obispo le toca ser el administrador de la gracia del sumo sacerdote, en particular en la Eucaristía que él mismo ofrece o cuya oblación asegura por medio de los presbíteros (sacerdotes).

Además, el obispo, junto con los presbíteros (sacerdotes) santifican la Iglesia con su oración y su trabajo, por medio del ministerio de la palabra y de los sacramentos. Hay que recordar que el obispo es el ministro ordinario del sacramento de la confirmación.

Los obispos generalmente gobiernan en una porción de territorio que se llama diócesis. Las diócesis se forman de acuerdo a características similares de personas, cultura, costumbres, lenguaje.

A su vez, las diócesis de un país o territorio determinado forman las Conferencias Episcopales.

Gobernar

Teniendo como modelo a Cristo, Buen Pastor y no de acuerdo a los criterios humanos del poder. Gobernar buscando ante todo el bien de las almas a él encomendadas.

En esta misión de gobernar deberá ver en esas almas a verdaderos hermanos a los que deberá guiar, ayudar y, llegado el caso, corregir por el bien de ellos. Un padre, cuando ve que su hijo se equivoca, lo corrige. Y no podemos tildar a ese padre de tirano o intolerante.

El Obispo buscará en todo y sobre todo el bien de sus súbditos y por ello deberá dictaminar lo que mejor corresponda a su bien espiritual.

¿Quién puede
ser Obispo?

Para la idoneidad de los candidatos al Episcopado (Episcopado es una palabra que se utiliza en todo lo relacionado a los obispos) se requiere que el interesado sea insigne por la integridad de su fe, por sus buenas costumbres, su piedad, esto es, su vida de oración y sus relaciones con Dios.

También deberá tener un gran celo y amor por las almas, sabiduría, prudencia y otras virtudes humanas. Debe poseer buena fama, tener al menos treinta y cinco años y que haya sido ordenado sacerdote desde al menos cinco años antes de ser consagrado obispo. La palabra adecuado es “ser consagrado obispo” y no ser ordenado obispo, pues la palabra “ordenación” se aplica solamente al sacerdocio.

Otro requisito indicado en el Código de Derecho Canónico es que sea doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en estas disciplinas.

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