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Columnas: Columna invitada

Profecías y medios: realineamientos en la aldea

/ 21 de enero, 2015 / José Carreño Carlón

La crisis provocada por la caída de los precios petroleros arrolla simultáneamente a la esfera pública de México a Caracas y de Moscú a Texas, entre otros innumerables puntos intermedios.

Un informe forense producido ayer en la universidad de una población de algo más de 100 mil habitantes enclavada en las montañas del Tirol austriaco, se debate hoy en México y el mundo, sobre la falta de datos concluyentes de los restos de los 43 desaparecidos en Iguala, otra población con parecido número de habitantes que Innsbruck, sólo que enclavada en las montañas del sur mexicano.

Y está la conmoción que provoca de Madrid a Buenos Aires y de Tel Aviv al DF el probable asesinato del fiscal que acusó a la presidenta de Argentina de encubrir a los terroristas que causaron la muerte de cerca de un centenar de judíos. También la corrupción que ha llevado a la cárcel ya a cuatro directores de la empresa petrolera estatal de Brasil, con el correspondiente nuevo movimiento de piso de su presidenta.

Entre otros asuntos en constante migración de locales a planetarios y viceversa, éstos destacan ahora en la agenda pública de nuestro país. Y al mismo tiempo llega a mi laptop el anuncio de Gedisa de una nueva edición de La aldea global, con las profecías cumplidas de Marshall Mcluhan, lanzadas hace cuatro décadas. El anterior listado de temas es sólo un ejemplo cotidiano de la puntualidad de las observaciones y premoniciones del profesor canadiense de moda en los años sesenta y setenta, más tarde relegado por el reduccionismo tecnológico atribuido a sus hallazgos y hoy nuevamente releído y revalorado en el mundo.

Lo que pasaba en Guerrero… Es cierto que la variable tecnológica unificó en esa aldea global las aldeas vietnamitas y los suburbios estadounidenses. Allí, las familias norteamericanas se horrorizaban en tiempo real en el televisor con los desembarcos de decenas de miles de sus hijos en la antigua Indochina, seguidos de los desembarcos de regreso de sus ataúdes cubiertos con la bandera de las barras y las estrellas. Pero fue la variable política la que enmarcó la circulación de estas imágenes en las libertades informativas del sistema democrático y propició el surgimiento de grandes movilizaciones que volvieron insostenible aquella guerra.

No pasó lo mismo —en los mismos años— en la periferia latinoamericana. Los crímenes de las dictaduras militares fueron silenciados o desfigurados en los flujos informativos según la alineación de medios y países en la Guerra Fría. En México, a la represión del movimiento de 1968, sofocada en los medios, sobrevino una guerra sucia contra los movimientos guerrilleros de la época con centenares o miles de desaparecidos y muertos que tampoco llegaron a las pantallas ni a los impresos noticiosos. Lo que pasaba entonces en las aldeas guerrerenses, en Guerrero se quedaba, a diferencia, por ejemplo, de la visibilidad nacional e internacional de la actual tragedia de los normalistas de Ayotzinapa.

Pluralidad. A los siete pecados capitales que les endilgué el miércoles a nuestros medios, entre los que destacaba su clientelismo, hay que oponerles ahora una virtud, el de su pluralidad alcanzada, incluyendo la pluralidad de sus relaciones clientelares, a diferencia del obligado monopolio de la colusión de los tiempos más duros del partido dominante. Esa pluralidad renace hoy con las migraciones del nuevo año de profesionales de unos medios a otros. E incluye la bienvenida adquisición de Ciro Gómez Leyva por El Universal; la llegada del talentoso vicepresidente de noticias de Televisa a Milenio, junto con el regreso allí de Héctor Aguilar Camín; la nueva y prometedora dirección general de información política y social de El Financiero, a cargo del combativo Pablo Hiriart, y la muy celebrable reincorporación del sólido Raúl Trejo Delarbre a Crónica, con el brillante cartonista Falcón, editor además de ese diario en Guadalajara. Realineamientos en la aldea local de los medios, cuyo sentido habrá que ir desmenuzando.