)
Opinión
Estás en: Inicio > Opinión > Ambulantaje estacionario, la fealdad como comercio
Columnas: Crónica Urbana

Ambulantaje estacionario, la fealdad como comercio

/ 13 de octubre, 2015 / Alejandro Rosales Lugo

Difícil encontrar en América Latina una ciudad sin ambulantaje, Pero desde esta atonía de comercio improvisado existen regulaciones sobre la venta de calle.

En la Ciudad de México se ha implantado una línea dura con respecto al ambulantaje, aún con las presiones de los grupos precaristas y comercio desorganizado. Los líderes, en tiempos electorales, son riqueza de los partidos políticos. Riqueza en votos- Difícil tomar decisiones sobre el uso del suelo por estos ambulantajes que a la larga se convierten en estacionarios creando cinturones antihigiénicos y de fealdad absoluta.

En Victoria, como muchas ciudades del norte del país, el ambulantaje es un reino que se aposentado en el centro histórico.

El abuso es la norma, impera el desacato al reglamento, la suciedad, la competencia desleal y el pago de raquíticos impuestos, cuando muchos de estos son veneros de dinero por sus ventas.

Pero el ambulantaje ha llegado al máximo, al final de la noche se convierten en casillas improvisadas donde moran sus propietarios.

Son un bastión para todo tipo de hechos, pequeñas bodegas de piratería. La calle de Hidalgo, la de mayor prestancia urbana del centro histórico es hoy por hoy una calle de vendimia y usura incontrolable, donde los puestos presuntamente móviles se han convertidos en fijos y semifijos.

Se han apropiado del espacio público, al grado de que impera la falta de higiene, y los adefesios convertidos en puestos, que incluso son peligrosos para el tránsito peatonal. 

No ha habido mano dura que los meta en orden. Los taqueros desbordan grasa por el pavimento y los malos olores desgastan al aire puro junto con el smog. Los comerciantes ambulantes han invadido la vía pública con sus puestos y vehículos estacionados todo el día.

La fealdad es la imagen urbana de esta bella y clásica calle de mi ciudad.

La rebaja de niveles de vida comercial deteriora los valores comunitarios.

No estoy en contra del derecho de los ambulantes al trabajo, estoy en contra de la creación de puestos fijos y semifijos que roban el espacio público.

Una ciudad así no puede crecer como espacio ciudadano. Una ciudad así es deplorable ante los ojos propios y extraños. Regular el ambulantaje es prioritario, compartir con comerciantes y usuarios el derecho al buen vivir.

El ambulantaje refleja las carencias y son cotos oscuros ante los ojos de la sociedad.