CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- A más de una semana de haber rescatado a Luis Fernando, Emilio relata cómo encontró al joven que caminaba sin rumbo en el bosque y más de 200 personas buscaban desesperadamente.
Emilio Iván Villarreal Hernández es un joven de 20 años, estudiante de Odontología que a su corta edad ya se ganó un lugar en el cielo al buscar y encontrar a Luis, quien padece autismo y tenía más de 30 horas perdido en el parque Troncones.
Platica que desde el sábado en la noche supo de la desaparición; sin embargo, el domingo no pudo acudir, ya que tuvo algunos contratiempos con su camioneta, Bronco 2 modelo 87, con la cual acostumbra recorrer esos sitios junto a sus primos.
Sin embargo, desde ese día preparó todo para iniciar la búsqueda el lunes temprano, ya que su madre le informó que a Luis le gustaba de comer papitas y ‘mamuts’, información que supo por ser amiga de la maestra del desaparecido.
“El lunes me levanté temprano, con esa emoción como cuando tienes examen y te da adrenalina, compro las sabritas para ofrecerle” platica “Milo”, como le llaman sus amigos.
El estudiante cuenta que tenía la seguridad de encontrarlo ya que le gusta pensar siempre en positivo, además de conocer perfectamente el área donde buscaría, la cual se encuentra a 10 kilómetros de la entrada, pero de difícil acceso por las colinas y voladeros.
Platica que manejó con precaución y bajaba cada cien metros para gritar el nombre de Luis hasta llegar al ejido Vicente Guerrero, sitio en donde se aprecian casas abandonadas y una escuela, la cual lleva años sin ser utilizada.
Es justo al lado de esta primaria está la casa de don Camilo “Yo pensé que nadie vivía en ese lugar”, afirmó ya que en ese momento conoció al hombre.
Estaciono la camioneta y le pregunto al hombre sobre Luis, el cual dijo que lo había visto días antes, y que si gustaba lo acompañaba a buscarlo. Después de tomar un café para apaciguar el frío de 7 grados, Camilo agarró su machete y subió al vehículo.
“Me dijo, yo te acompaño, porque para allá hay una vereda, yo le dije a los militares que fueran pero no me hicieron caso, yo te digo dónde está y nos bajamos a buscar al chavo“
Al avanzar 100 metros de la casa del hombre, quien sólo vive con su esposa e hijastro, ven a lo lejos una silueta de un joven delgado, que camina sin rumbo. El joven traía manga corta y temblaba por el frío, el cual hacía salir vapor de su boca.
«Pienso, se va asustar, rápido apago la camioneta, me bajo y en eso empiezo a buscar las sabritas»
Milo detiene su camioneta a tres metro de Luis, se baja con cuidado de no asustarlo, toma del asiento trasero unas papas y se aproxima lentamente.
“¿Fernando quieres sabritas? y él dice sí, le digo ¿quieres agua?, me dice sí muy despacio, y le doy la botella”, para ese entonces Emilio se había ganado su confianza.
Emilio invita a Luis a subir a la camioneta y éste le pisa hasta el fondo con rumbo a la entrada, preocupado por los golpes que tienen el joven en la cara y los rastros de sangre seca.
A medio camino fue interceptado por una ambulancia, los paramédicos bajaron de ella y revisaron los signos vitales de Luis para después trasladarlo al hospital general.




