27 mayo, 2026

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Crónica urbana

De canicas y otras jugadas

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Las canicas era un juego maravilloso. Jugar a las canicas fue el acercamiento de una amistad festiva y sincera. Jugar a las canicas fue en los cincuentas y sesentas un juego de calle. De calle de tierra donde florecía la habilidad en el manejo de las Agüitas, los Kaikales y las Burras.

Disculpen amigos que no hable de la política y los debates porque esas son otras canicas y otras buchacas. Jugar a las canicas también fue lo propio en nuestra juventud, “caniquear” en los bolsillos cuando la güeva nos colgaba en las esquinas. Las ampollas resaltaban cuando la canica raspaba y hacía nacer la ampolla. La frase; “Te ampolla el kaikal” se refería a que te causaba molestia, que te propiciaba una verruga dolorosa.

Pero “te ampolla el kaikal” también era aplicada a una molestia para realizarte en la vida social.

Las agüitas eran más costosas que las canicas regulares. Una bolsa de canicas transparentes, o agüitas, era para los niños y jóvenes de mayor poder adquisitivo. Las canicas de los pobres eran de barro. Y las Burras eran más grandes y costosas. Jugar al “ahogado” era meter todas las canicas al juego. En los “tiritos” se podían perder todas las canicas. Las canicas con el tiempo se han desinflado y ahora sólo jugamos con las canicas escurridas. El tiempo pasa, las canicas sólo se juegan en la política, donde se menean en los bolsillos y aunque les ampolle el kaikal siguen siendo los mismos.

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