1.- Cuando el presidente Adolfo Ruiz Cortines terminó en 1958 su mandato, no requirió de escolta, vigilantes o medidas de seguridad para retornar a la vida común de todo ciudadano en la Ciudad de México. Durante los años sesentas era frecuente verlo por la Avenida Insurgentes, esquina con Baja California; cuando por las tardes acudía en un automóvil viejo conducido por su chofer, a tomarse un café en el Restaurante “Viena”, acompañado de algún amigo.
2.- Cuando el presidente Adolfo López Mateos acudía durante su Gobierno a algún evento o espectáculo, como las peleas de box o las corridas de toros, se presentaba sin ser anunciado y disfrutaba del espectáculo como cualquier ciudadano, y era el público congregado, el que espontáneamente le aplaudía cuando descubría su presencia. Fue el último Presidente de la República que los mexicanos quisieron y respetaron por su talento, su probidad y su sentido de la justicia para mantener la armonía entre los mexicanos.
3.- Dichos ex presidentes terminaron sus regímenes con la simpatía popular, y pudieron continuar después con normalidad su vida de ciudadanos, porque su estilo de Gobierno se apegó a la ley, y a ciertas normas no escritas; pero válidas y vigentes en nuestra convivencia colectiva. Ninguno de ellos se sintió emperador, dueño o verdugo de los mexicanos, y tampoco asaltaron con violencia las arcas del tesoro nacional.
4.- Don Adolfo Ruiz Cortines falleció con modestia en su casa de José Ibarrarán, y su enfermera encontró tres mil pesos debajo del colchón de su cama, donde don Adolfo los había guardado para pagarle parte de su sueldo.
5.- Adolfo López Mateos falleció también en la pobreza, y hubo necesidad de vender 3 automóviles viejos para pagar su entierro, y ni siquiera su primera esposa quiso prestar su residencia de San Gerónimo para velarlo, Humberto Romero y Donato Miranda Fonseca tuvieron que meter el cadáver por la fuerza, con el apoyo de cientos de dolientes que acudieron a la velación.
6.- Después de ellos, vinieron ex presidentes que sufrieron la llamada “maldición del poder”. Se les subió lo tonto a la cabeza, y se sintieron sabios, adivinos, genios y casi dioses de los mexicanos, por ello robaron, asaltaron, asesinaron y vendieron la patria a pedazos.
7.- Lo que ocurre hasta hoy es una consecuencia natural de las infamias cometidas. El que ayer sembró vientos hoy recoge tempestades. La pandilla que humilló, empobreció y lastimó a tantos millones de mexicanos durante los sexenios de gobierno de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, seguirán padeciendo el desprecio y el odio popular que se ganaron a pulso con sus mentiras, ofensas, atracos y crímenes contra el pueblo.