19 enero, 2026

19 enero, 2026

Laberintos del poder

La cuchara grande

Laberintos del poder

Formaban una especie de casta dorada que parecía tener su sede en el Monte Olimpo. Donde sólo los dioses, conforme a la mitología griega, podían acceder y vivir a placer.

Son los notarios. Los depositarios de la fe pública.

Abogados de origen, la mayoría solía alcanzar esa posición mediante la gracia del poder en turno que pagaba favores y beneficiaba a sus favoritos. Los menos –que los hay por fortuna– lograron esa confianza social por su conocimiento del derecho, así como su trayectoria y moral profesionales. Y son esos menos los que salvan la confianza en ese ámbito.

¿Por qué hablar de un pasado cuando perviven muchos de ellos surgidos en condiciones reñidas con la ética legislativa y social?

Por lo sucedido ayer. Dos notarios fueron detenidos, uno de ellos Joaquín Arnulfo Roché y el otro Héctor Alvaro Domínguez, asentados en Victoria y Tampico respectivamente, acusados de colaborar en varios casos de despojo de propiedades. Es de esperarse que ante estas circunstancias el resto de los fedatarios ponga sus barbas en remojo y resulta lógico pensar –por estas aprehensiones– que con esta nueva generación gubernamental por fin se detenga
la concesión de “fiats” como regalos de fin de sexenio.

Sin duda la medida es positiva, porque frena de manera radical un delito que debido a su frecuencia se había convertido en un trámite casi normal en las notarías. Bien por eso, pero es una lástima que no pueda hurgarse años atrás y descubrir el gravísimo tráfico de influencias y argucias legaloides que prohijaron una serie de abusos cometidos en los despachos de muchos de esos profesionales –insisto en que hay honestos– para apropiarse de casas y predios en diversos puntos del Estado.

Le daré sólo una muestra de lo anterior.

En Victoria, unos sexenios atrás, un alcalde en funciones se coaligó con un notario y con un funcionario estatal del más alto nivel, para ubicar residencias y predios que estaban en una situación legal irregular porque sus dueños originales habían muerto o nadie sabía de ellos. No eran tiempos de violencia como los actuales y no había quien se les opusiera.

Se sirvieron con la cuchara grande. La capital era famosa porque era el santuario de los llamados “negocios de viudas”, en donde la riqueza se atesoraba en propiedades inmuebles y donde era frecuente que al fallecer sus propietarios los terrenos o casas quedaran legalmente al garete.

Fue para ellos como descubrir un auténtico tesoro y utilizaron una figura, disculpe la falta de rigor jurídico, llamada “testimoniales”, con el apoyo de vecinos reales y falsos que atestiguaron que ese alcalde, ese notario y ese funcionario tenían muchos años de poseer esas propiedades. No había reclamos porque no existían los afectados y así lograron uno de los negocios de sus vidas.

Esas páginas negras de las notarías eran comunes.
Con el tiempo fueron evolucionando hasta convertirse en el presente gracias a la histórica impunidad en una herramienta de despojo, como los achacados a los ahora indiciados.

No se resolverá como por encanto la comisión de ese delito, pero sin duda sí se logrará reducir su número, ante lo drástico de la respuesta oficial a esas tropelías y otras similares.

Seguramente también será largo el proceso que seguirá el actual gobierno estatal para combatir a la impunidad, como fue su compromiso al iniciar esta administración, pero como asienta una perla de sabiduría, una caminata de mil kilómetros se empieza con un paso…

La frase del día
“Ser bueno no es sinónimo de ser idiota. Ser bueno es una virtud que algunos idiotas no entienden…”
Autor desconocido

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