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Columnas: Laberintos del poder

11 días

/ 11 de agosto, 2017 / José Azpeitia

Resulta interesante la presencia a última hora del diputado federal Alejandro Guevara Cobos, en la búsqueda de la presidencia del Partido Revolucionario Institucional en Tamaulipas.

Ciertamente nunca ha dejado de estar incluido en la lista de aspirantes a ese puesto partidista. Es un político de tiempo completo, respira política, come política y exuda política.

Pero una cifra hace ruido en ese entorno: el número 11.

Ese es el tiempo que Alejandro solicitó de licencia a la Cámara de Diputados para en teoría incorporarse a la contienda interna por hacerse del bastón de mando tricolor en la Entidad: 11 días.

¿Por qué considerar extraño lo anterior?

En la percepción de su servidor, por dos motivos.

El primero es que quien piense que tiene alguna posibilidad de éxito para ganar una carrera no se auto limita de manera tan radical. Pareciera que el diputado federal con licencia lo que intenta solamente es nutrir su ya extensa currícula con una precandidatura formal a la dirigencia de su instituto político.

El segundo es que no entiendo la estrategia de Alejandro. Hasta ahora no sé si alguien lo haya visto o haya sabido de un trabajo previo de convencimiento en reuniones y acercamientos con los consejeros del PRI, como lo ha hecho prácticamente todo el resto de los contendientes, que han dedicado todo su tiempo a ese cometido.

Y sin embargo ahí está.
Vaya usted a saber qué tiene en la mente el legislador. Tal vez con esa decisión su meta sea sólo seguir vigente políticamente, lo cual es válido totalmente en ese terreno, pero en realidad hasta ahora el buen Alex es un enigma.

Y pueden decir misa, pero de que ha levantado polvo y ha hecho ruido, nadie lo puede negar…

Premios
Las secuelas del gobierno de Egidio Torre Cantú siguen siendo en Tamaulipas tema para el cotilleo en cafés y oficinas.

Un reflejo de lo anterior es un renglón en el que la actual administración estatal ha puesto especial énfasis: en las Notarías.

Históricamente en los sexenios priístas esos “fiat” sirvieron de premios de consolación para quienes se portaron bien. Para decirlo en forma más clara, para quienes apoyaron y cumplieron al pie de la letra los excesos y hasta los abusos de los mandatarios tricolores en turno.

¿Un ejemplo?
Usted debe recordar al ex Procurador General de Justicia del Estado, Ismael Quintanilla Acosta, quien en dimes y diretes palaciegos protagoniza seguramente sin
querer, un sabroso rumor derivado de un supuesto premio a su lealtad al ex gobernador ¿Con qué cree?

Sí, con una Notaría. Y al parecer le trajo buena suerte.

Quienes se han mantenido cerca del anterior Fiscal del Estado aseguran que le cambió la vida a don Ismael tras su encomienda. De estar a punto de cerrar su oficina de litigante por deber varios meses de renta, afirman –no me consta– que hace poco compró ese inmueble y otra propiedad cercana.

Quizás algo tiene que ver con ese en apariencia afortunado giro, el bono de salida que también dicen que Egidio Torre les obsequió –hay quien jura que fueron 5 millones de pesos– a sus colaboradores cercanos. Si es así, muy su dinero, aunque antes haya sido público.

Así, una vieja frase popular se revalida: De que Dios da, lo hace a manos llenas…

La frase de hoy
“No cualquiera se vuelve loco; esas cosas hay que merecerlas…”
Julio Cortázar/Escritor argentino

Twitter: @LABERINTOS_HOY