3 abril, 2025

3 abril, 2025

El Viejo panteón fue paredón de revolucionarios

Antes de ser llevados al paredón de fusilamiento ubicado en la pared trasera del cementerio, los paseaban por la calle Morelos para intimidar a los adversarios

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- En Ciudad Victoria se acostumbraba velar por varios días a los que fallecieron en pie de guerra, los insurgentes que eran capturados por el gobierno eran fusilados en el Panteón Municipal del Cero Morelos.

Antes de ser victimados caminaban por la calle Morelos para que toda la gente los viera y se atemorizara al ver lo que les pasaba a los rebeldes.

“A muchos revolucionarios los fusilaban en los panteones, había carretas y carrozas para acarrear a los muertos, los acompañantes vestían de luto riguroso, sin sombreros o cachuchas, era toda una tradición, que estaba muy ligada a la religión y al respeto”, platica Francisco Ramos Aguirre, cronista de Ciudad Victoria.

Los que fallecían de causas naturales o por enfermedad, eran enterrados de un día para otro, para evitar problemas sanitarios, así pasó con el general Joaquín Kerlegand, quien murió mientras estaba de viaje de trabajo por Victoria y por salubridad fue sepultado de inmediato.

Existe evidencia fotográfica de los velorios que acostumbraban a realizar en la segunda mitad del siglo XIX, precisamente uno de los más representativos de aquella época fue el del general Pedro J. Méndez, quien falleció el 23 de enero de 1866 en la Batalla de Tantoyuquita, municipio de Mante, a la edad de 29 años.

Su funeral fue muy conmovedor para los tamaulipecos, no sólo porque murió al pie de batalla, sino porque condujeron su cadáver en un peregrinaje por las haciendas La Piedra y Las Cruces, donde autoridades de Llera le rindieron honores, tres días después el cortejo fúnebre llegó a Victoria para su velatorio en la esquina del 9 Morelos.

Para el 27 de enero llegó a Villa de Hidalgo, donde era originario, ahí le rindieron un emotivo homenaje. Primero sus restos fueron depositados en una cripta en la Iglesia de San Antonio y actualmente reposan en la Rotonda de Tamaulipecos Ilustres.

Para 1880 el Panteón Municipal del Cero Morelos ya aparecía en el plano oficial urbano, los cortejos fúnebres comenzaron a realizarse de la calle Morelos su principal vía para arribar al camposanto.

Es así como a principios del siglo XX se realizaba el funeral del profesor Juan B. Tijerina, que teniendo como fondo la Sierra Madre Oriental cientos de personas lo acompañaron en su funeral, caminando por la calle Morelos hasta llegar al panteón.

Se sabe que posiblemente el cortejo fúnebre salió de la casa del profesor, ubicada en el 9 y 10 Morelos, luego se dirigieron a la Iglesia de Nuestra Señora del Refugio donde le hicieron misa de cuerpo presente y de ahí partió el cortejo fúnebre, seguidos de carrozas de caballos, pasaron por el Mercado Parián hasta llegar al Cero Morelos.

“Alberto Carrera Torres, fue fusilado en el panteón, lo llevaron por toda la avenida Morelos, su fusilamiento fue el acontecimiento más importante de la época, la gente lo acompañó por toda la calle, entre los negocios que habían en aquella época era una panadería que se llamaba “Alpasito y sin menearse” por la que también pasó Carrera Torres”, dijo el cronista de la ciudad.

Las familias de abolengo acostumbraban construir mausoleos para sus difuntos, hoy en día quedan vestigios de uno de los más imponentes del Panteón del Cero Morelos, el de la familia Lavín Escadón.

Y aunque su mausoleo se halla en ruinas, aún hay evidencia de las 21 criptas que fueron colocadas hace más de 150 años en este espacio, algunas desaparecieron, pero otras son una huella tangible del abandono y el paso del tiempo.

Facebook
Twitter
WhatsApp