22 junio, 2026

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Salvan molinos de nixtamal por tradición familiar

Los negocios son herencias de padres a hijos y a nietos quienes a pesar de ser un oficio sacrificado lo mantienen con vida
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CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- La molienda de nixtamal es una tradición familiar que se mantiene viva al paso de los años por hijos y nietos que continúan los negocios a pesar de ser un oficio sacrificado.

Tras recorrer la ciudad se hallaron seis molinos, que tienen en común la herencia familiar de la molienda, por lo que es un oficio que aprendieron de sus padres y algunos de sus abuelos.

El “Molino del 30 Juárez” tiene más de 40 años trabajando, su propietaria aprendió desde los 13 años y ya tiene 73 años dedicándose al oficio.

“Mi papá vaciaba las tinas y me decía mira ‘mija’ cuando yo le pegue a la tolva con la palita es que ya voy a vaciar otra cubeta y le sacas pronto la masa para que no se le vaya juntar con la otra, y me decía: “¿lista ‘mija’? ¡lista como un cerillo!”, recordó María de los Ángeles García Reyes, a quien sus clientes conocen como Angelita.

Otra familia que sigue la tradición es la de Margarito Salazar Maldonado, él pertenece a la tercera generación que se dedica a la molienda de nixtamal en el “Molino Don Panchito” desde los 12 años, su papá, el señor Francisco Salazar, trabajó en el oficio por 60 años, pero fue su abuelo quien lo inició en el ejido La libertad.

“Mi papá también aprendió de su papá, tenían un molino que no trabajaba con luz sino con diesel. Mi papá se quedó al frente del molino aquí en Victoria y cuando se retiró, le pedí que me dejara trabajarlo, pero no quería porque decía que se requiere muchos sacrificios, hay que levantarse desde las cinco de la mañana y abrir llueve, truene o relampaguee, hasta medio día, cierras y lavas el molino, barres, trapeas, limpias el maíz, lo coces y así todo el día”, platica.

Los molinos abren todos los días, no hay descanso a excepción de días festivos. El mejor mes para ellos es diciembre, por lo que se preparan con suficiente maíz para su clientela en Navidad y Año nuevo. “Desde el 22 (de diciembre) se empieza a vender la masa, para el 24, que es el día más fuerte, llega a vender hasta una tonelada y media de maíz, así como los sábados por ejemplo, cuando se venden alrededor de 100 kilos”, dijo la señora Angelita.

Pese a que es una tradición familiar, las ventas no son como antes, cuando vivían sus papás; ahora con las tortillerías, que trabajan con maseca para abaratar los precios; y los negocios ambulantes, que no pagan impuestos, los molinos de nixtamal sobreviven porque mantienen precios bajos.

“Hacemos muchos sacrificios porque aunque nos suba a nosotros el maíz, procuramos no aumentar el precio para que no se nos vayan los clientes, lo que sí nos afecta es que existen muchas motos vendiendo y son de molinos que no pagan impuestos, esas gentes no pagan ni un cinco, pero como quiera tenemos clientes de toda la vida que ya nos conocen y no nos fallan”, explicó Margarito Salazar.

El aumento del gas, de la luz, también afecta a los negocios; sin embargo, trabajan sin cesar para no perder la tradición y continuar en el negocio familiar.

“Hay veces que sí sube el maíz pero nosotros nos mantenemos con ese precio hasta que termina el año porque todo sube, cuánto no cuesta el gas, todo subió ya. Así que con lo poquito que vendemos pues ya no podemos mantener”, dijo Angelita.

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