Cada día que pasa, en las filas del PRI tamaulipeco el desencanto crece y crece y las lealtades y los principios se derriten.
Pero tal vez sea la necesidad de ganarse un pesito para subsistir o en algunos muy notables casos, el temor a perder la libertad lo que ha obligado a hacer un paréntesis en la congruencia con las convicciones.
Y es que no hay un día en que no se conozca el nombre de un priista en fuga. Finalmente aplica aquella frase que el escritor Luis Spota utilizó para titular una de sus novelas: “Más cornadas da el hambre”
Se impone entonces el instinto de sobrevivencia por encima de todo, y si no, hay que preguntarle a Pepe Suárez, el ex alcalde de Nuevo Laredo, quien puso a su principal operador Cipriano Tijerina con toda su gente, al servicio de la campaña del edil panista con licencia Enrique Rivas Cuéllar que va tras la reelección.
Arnulfo Tejada Lara, activista de toda la vida del PRI y la CTM, también dio la audaz marometa y ahora es un enjundioso operador panista en aquella ciudad fronteriza.
Un caso patético
Ramón Garza Barrios, quien ahora como candidato de Morena a la alcaldía neolaredense en realidad juega a ser opositor de mentirillas, pues va de comparsa a cambio de que le perdonen sus innumerables pecados, y por supuesto, de paso para ver qué se embolsa pues no deja de decir que durante los últimos años fue abandonado por sus cuates priistas.
En Reynosa ocurre lo mismo. El ex priista Ernesto Robinson, hoy candidato a diputado del PAN, es otro ejemplo mas claro de que pueden más las ambiciones que las convicciones
Por su parte, Serapio Cantú, candidato del PRI en ese municipio, con todos sus hermanos y su grupo cumplen realmente con una encomienda: partir el voto para debilitar al morenista José Ramón “JR”. Al final de cuentas los Cantú tienen bien claro que su vocación son los negocios, los contratos, el dinero.
Eliseo Castillo, Gonzalo Rivera, Héctor López, Rosa Muela, Daniel Sampayo, son unos cuantos más de una larga lista de casos que evidencian al priismo siempre obsesionado por el presupuesto y el poder.
Los votos de Margarita
El titular de Milenio de este jueves, es por demás ilustrativo de lo que representa la renuncia de Margarita Zavala a la candidatura presidencial: “Anaya y Meade se disputan el 3 por ciento de Margarita”. Y es que siendo objetivos, a nadie beneficia, porque son pocos los votos que traía la señora Calderón. Mediáticamente sí impacta, porque va material para el análisis y el morbo.
En Tamaulipas, según el PAN, los simpatizantes y seguidores de Margarita inscritos en el padrón, no llegan a mil, y a nivel nacional tampoco superan los 20 mil. Dicho de una manera más coloquial, su renuncia es de mucho ruido y pocas nueces.
Bueno, ¿y quiénes son los damnificados de Margarita? Así de repente recordamos a Lidia Madero, Ángel Sierra y Javier Sacramento, entre muchos otros panistas distribuidos a lo largo y ancho del territorio tamaulipeco.
La pregunta obligada es: ¿por quién van a votar? ¿por Anaya, por Meade o por López Obrador?
Su jefa Margarita fue muy clara: deja que la conciencia de cada uno de ellos decida a quien confiarle sufragio.




