19 enero, 2026

19 enero, 2026

Humor social contra marketing

Café Expreso

¿Cuánto dinero se ha gastado durante el actual proceso electoral para construir y destruir imágenes? Millones y millones se han tirado a la basura para fabricar figuras de oropel e inventarles virtudes y talentos que nunca tuvieron, con tal de encaramarlos en la cúspide del poder.

El marketing político ha sido desde hace años un negocio boyante, que sustituyó con creces a la vieja y empalagosa oratoria demagógica del jilguerismo, que durante las campañas ensalzaba y endiosaba a políticos de personalidad pedestre. En el país y aquí mismo en Tamaulipas, fue como un salto de los épicos alegatos ideológicos y del falso culto revolucionario, a una mercadotecnia sofisticada y tramposa que encumbró a mediocres políticos de utilería, que a los pocos días mostraron cortos alcances y bajeza de miras.

Probablemente el marketing empezó su apogeo con la elección de Vicente Fox y la derrota estrepitosa de Francisco Labastida, el candidato priísta que se declaró acabado cuando le impusieron el mote de “mariquita”.

Después, con la invención de una personalidad casi heróica, de virtudes inmaculadas, montaron en la silla presidencial a Felipe Calderón, apanicaron a la sociedad mexicana y doblegaron a López Obrador, que por primera vez, buscaba ser presidente.

El clímax de este lucrativo negocio, la mayor y peor de sus hazañas, tuvo lugar en la siguiente elección. La fábrica de sueños, Televisa, creo y encumbró a Enrique Peña Nieto, quien armado con copete y sonrisa, sedujo al electorado y abanderó la visión idílica de un país próspero y moderno, que nunca llegó.

En el proceso electoral actual, los partidos y sus candidatos, incluyendo a los seudo independientes, han reclutado ejércitos de mercadólogos. “Coucheo” para obtener un lenguaje corporal impecable, voz educada para convencer, manejo implacable de las redes sociales, arreglos en lo oscurito con los medios convencionales, encuestas cuchareadas…nada les ha faltado.

A la orden de los señores candidatos, la “expertise” de los mejor cotizados fabricantes de imagen, engatusadores de electores y expertos en sondeos “a modo” y en torpedear y desbaratar famas públicas. Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Margarita Zavala, “El Bronco” y el mismo López Obrador, dilapidan cifras millonarias para seducir al electorado y demoler a sus adversarios. Por lo que se ve, dinero desperdiciado, si revisamos los pobres resultados obtenidos.

Pero esta vez la costosa inducción falló, por el peso de una realidad inocultable. Ni modo que el ciudadano olvide tan pronto a las criaturas hijas de la mercadotecnia, gobernadores y funcionarios que saquearon el presupuesto, que se robaron el patrimonio ciudadano y cometieron las peores aberraciones en el ejercicio de la función pública.

Personajes encumbrados por el marketing y defenestrados por sus excesos como los Duarte, Borge, Padrés, Moreiras, los ex gobernadores tamaulipecos y, muchos más han activado en el ánimo colectivo, la furia que los mismos estudiosos del mercado electoral sintetizaron en tres palabras: mal humor social.

Por lo que se ve, contra el mal humor social nadie puede, ni la vetusta pero aceitada aplanadora priísta, ni la moralina panista, ni las ambigüedades de un lopezobradorismo que no acaba de explicar, qué piensa hacer con el país.

Por ese enojo imparable e incontrolable, las truculencias de la cúpula priísta han fallado; el panismo ve escapar su última oportunidad de regresar el poder y, Andrés Manuel, a pesar de sí mismo, se encamina a la victoria.

Una sociedad mexicana enfurecida, ha optado por el cambio radical… aunque en esta aventura se juegue su suerte. Así de simple.

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