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Columnas: Confesionario

Del decir, al hacer…

/ 05 de julio, 2018 / Melitón García de la Rosa

Los próximos alcaldes de Tamaulipas ya tienen su constancia que los acredita como electos, la mayoría serán nuevos en el cargo, pronto arrancarán los procesos de entrega-recepción y comenzarán a darse cuenta, que el tiempo de mentir, de fantasear, de mentir para ganar ofreciendo ‘disparates’, ha quedado atrás.

Así es, mis queridos boes, aunque no debiera ser, en las campañas de los ahora alcaldes electos, escuchamos desde cosas serias hasta tonterías, el asunto es que gobernar un municipio es cosa seria y las tonterías, deben quedar desde ahora, fuera de los discursos, de la agenda pues, de los próximos alcaldes.

Y no es que debamos pensar en pequeño, que no debamos soñar con ciudades de primer mundo, que cancelemos las aspiraciones al desarrollo y a ver algún día nuestros municipios con infraestructura suficiente, pero hay que partir de la realidad y esa es cruda y fría.

Habrá que recordar a los que prometieron convertirnos en ‘suizas’, que el presupuesto de las alcaldías apenas si alcanza para cubrir la nómina municipal, que sólo con una excelente administración y sin meterle el diente, alcanza a apretones para los servicios públicos y que no hay más, que el resto dependerá de la habilidad para gestionar ante el estado o la federación.

Pero además, lo que uno debe esperar de un alcalde, es simple y sencillamente que el camión de la basura pase, que la calle esté iluminada, que los parques y jardines estén embellecidos, que las epidemias de baches sean contenidas, con eso nos damos por bien servidos, más, si con una buena relación con los siguientes escalones, se tiene la habilidad para traer obras.

Así es que, eso de que un alcalde puede instalar un tren turístico, que puede crear una marina, clubes de yates, transformar los viejos primeros cuadros de las cabeceras municipales, para hacer corredores industriales y hasta convertir a los ciudadanos en ecologistas, animalistas, autosustentables, sólo son ‘mafufadas’.

Lo que sí pueden hacer los alcaldes electos, es que llegando al cargo, evalúen las nóminas municipales y echen de ahí a los que no son necesarios, porque basta ya de que los ciudadanos mantengamos, vía impuestos, plantillas obesas de gente que no produce.

Ahora que, aún no entran a los cargos deberían mandar gente de su confianza a las inmediaciones de las alcaldías y se van a dar cuenta que a las 9, 10, 11, 12, 13 y así hasta las 15:00 horas, no habrá bancas disponibles para sentarse, no hay muchas mesas libres en los cafés y restaurantes, porque los que tendrían que estar trabajando, ocupan el horario de su jornada en perder el tiempo fuera de los palacios o los pasillos de las presidencias estarán llenos de ‘personajitos’, igual enfundados en los uniformes oficiales, pero que deambulan por los edificios sin hacer nada.

Sucede que a lo largo de los años, los alcaldes han ido engordando las nóminas con líderes de colonias, juniors de los funcionarios, recomendados de los líderes sindicales, hermanos de los o las amantes y, usted y yo, les pagamos a todos.

Por eso, cada que se acerca diciembre, los presientes municipales comienzan con el lloriqueo de que necesitan un adelanto de participaciones para poder pagar los aguinaldos.
En eso, en convertir las alcaldías en verdaderas dependencias funcionales, es en lo que tendrían que estar ocupados los presientes electos.

Cuando las calles estén limpias, sin baches, iluminadas, con jardines dignos, cuando hayan logrado gestionar los servicios básicos a todas las colonias, entonces no van a tener que andar prometiendo lo que no pueden cumplir, porque las inversiones llegarán solas.

Porque las empresas se asientan donde encuntaran servicios eficientes, comunicaciones eficientes, burocracias facilitadoras y no extorsionadoras.

Lamentablemente, usted y yo sabemos que algunos de los que vienen ya con el triunfo en la bolsa, sufrieron la transformación que les da el poder que aún no ejercen.

Hoy, muchos de ellos son inalcanzables para los ‘jodidos’, porque el hambre de votos ya fue saciada el domingo pasado.

¿Y saben qué?, se pondrán peor, porque aquello de los besos y los abrazos y el llanto por la desgracia de sus prójimos, era puro cuento. 

A partir de octubre, para que un ciudadano de a pie vea y platique con su alcalde, estará en chino, porque estarán muy ocupados, porque la agenda no se los va a permitir, porque a sus alrededores estará todo un séquito de (¿cómo les digo para no decirles huele pedos?) ayudantes, cuya tarea será retirar a los menesterosos, pediches y fastidiosos ciudadanos que creen que el alcalde les tiene que resolver todos sus problemas. Lo más que usted conseguirá, es que uno de esos ‘achichincles’ le tome sus datos y le prometa
que se comunicarán con usted.

Disculpen que sea ¿negativo, escéptico?, pero así ha sido por años la transformación de candidato a alcalde, en la mayoría de los casos.

Deseo, por el bien de los electos, por el bien de nuestras ciudades y por el bien del estado, equivocarme esta vez, pero en 40 años de conciencia del quehacer público, ha sido la constante. Insisto, con agua, iluminación, calles limpias, plazas decentes, yo me conformo, de discursos baratos ya estamos llenos.

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