Opinión
Estás en: Inicio > Opinión > Las buenas intenciones de AMLO
Columnas: La Talacha

Las buenas intenciones de AMLO

/ 09 de agosto, 2018 / Francisco Cuéllar Cardona

Son muchas las preguntas las que se agolpan cuando se escucha decir a Andrés Manuel López Obrador que la corrupción y la impunidad se va a acabar en este país, y que el 1 de julio la gente votó por un gobierno honrado y justo.

Que la división de poderes es una realidad, y que no va a entrometerse en ningún asunto de ellos, y que el estado de derecho va a pasar de ser un ideal, a la realidad.

Escucharle decir que está iniciando en el país la cuarta transformación política y social de la historia, y que la paz y la reconciliación en México se va a lograr, además que todas las promesas de campaña se van a cumplir, y que no le fallará a los ciudadanos, despierta sentimientos encontrados entre emociones y suspicacias.

¿Será cierto que México va a cambiar, y que este hombre al que muchos han llamado iluso soñador puede transformar este país, y erradicar vicios y corruptelas culturales que han echado raíz en nuestro sistema desde hace décadas?.

¿Hay que creerle cuando afirma que la monstruosa desigualdad social y económica se va a terminar y que ahora sí los pobres tendrán la oportunidad de salir de ese mundo pecaminoso?. 
La palabra cambio está tan devaluada y tan desprestigiada por los partidos y los políticos que a muchos les genera dudas e incertidumbre. Desde los tiempos del Maquío Clouthier, el PAN empezó a hablar del cambio, incluso cuando Vicente Fox, logró sacar de Los Pinos al PRI, despertó la euforia y generó expectativas de que todo iba a cambiar para bien, pero todo fue peor; vino más corrupción y más violencia.

Andrés Manuel decía ayer uno de sus críticos, mientras recibía su constancia que lo acreditaba como presidente electo de México, que el Peje “habla tan bonito que está sembrando muchas esperanzas; ojalá y todo lo que dice lo cumpla, porque si no, el golpe será duro y descorazonador para quienes creen ciegamente en él”.

Compararse y quererse parecer a Juárez, Madero y Cádrenas, es demasiado presuntuoso y más aun hablar de una Cuarta Transformación Social, es generar expectativas muy altas. Este país necesita cambiar sí, pero tampoco se vale que se juegue con los sentimientos de millones que creen en que todo va a cambiar de la noche a la mañana.

Ayer Andrés Manuel, mientras leía su mensaje en la sede del Tribunal Federal Electoral, generó emociones y sentimientos entre la sociedad mexicana que está hambrienta de que las cosas vayan mejor. El beneficio de la duda hay que dárselo, pero hay que tener todas las reservas por si algo llega a fallar. Está probado que el próximo presidente de México es un hombre bueno y que tiene todas las intenciones de hacer las cosas bien; pero hay que estar muy conscientes que los problemas del país, no la resuelven los hombres buenos, y tampoco se acaban teniendo buenas intenciones.

Dice el refrán popular que del dicho al hecho, hay un gran trecho, y Andrés Manuel a casi 40 días de haber ganado la presidencia con 30 millones de votos ha mostrado pequeños indicios de que va a hacer las cosas bien, pero falta si los vicios y los intereses poderosos de las mafias del poder se lo permiten.

Cuando Francisco I. Madero, logró el sueño de muchos mexicanos y tumbó la dictadura de Porfirio Díaz en 1910, se le olvidó sacudir y eliminar de la estructura del poder a los “científicos” y a las mafias militares que gobernaban y sostenían la tiranía del porfiriato. Eso le costó la muerte. Madero era un hombre bueno, y de mejores intenciones como Andrés Manuel ahora.
 
¿Podrá sacudirse a la mafia del poder que incluso le ayudó a llegar al poder?, ¿tendrá la habilidad junto con su equipo de cumplir todo lo que prometió como lo dijo ayer?. Andrés Manuel tiene además de eso, un bono democrático, que da confianza y esperanza. Ojalá su cambio, si sea verdadero, y no como los que lo antecedieron en el poder.