3 abril, 2026

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Una larga pesadilla

Café Expreso
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¿Qué pasa en Victoria que parece imposible volver a la vida tranquila de los viejos tiempos? Hace once años, a partir del 2007, todo cambió de la noche a la mañana y desde entonces domina a nuestra ciudad un submundo que se desplaza en el sigilo, con tentáculos de terror hasta en los más apartados rincones de la zona urbana.

Diariamente en los barrios más apartados suceden hechos espeluznantes. No son simples historias de terror de alguna imaginación desenfrenada, se trata de tragedias
reales que cotidianamente estremecen y ponen los pelos de punta a un vecindario que sin embargo ya transita entre la histeria colectiva y la pérdida de la capacidad de asombro.

En la memoria de la ciudad se pierden los recuerdos de la ciudad amable que cotidianamente recreaba en su programa matinal Carlos Adrián Avilés. Se acabó la apacible comunidad plantada al pie de la Sierra Madre, que enorgullecía a sus habitantes porque sus índices delictivos eran casi inexistentes.

Poco saben de aquella Victoria que era un remanso de paz las nuevas generaciones. Ellos han crecido sabiendo de balaceras, tableteo de metralletas, ejecuciones y asesinatos arteros, cuerpos despedazados por las balas o el machete, de asaltos, extorsiones, “derecho de piso” y otras palabras que ya forman parte del argot capitalino.

La ciudad muestra y sufre las heridas de la larga época de violencia. Madres, esposas y hermanos que claman por sus seres queridos que un mal día desaparecieron sin dejar rastro. Algunos, los menos, han aparecido en fosas clandestinas y de la mayoría no hay siquiera indicios de su destino final. Huérfanos y viudas que ya integran un ejército ciudadano reclamante que exige respuestas claras y precisas a la autoridad.

Las estadísticas pintan de cuerpo entero la trágica realidad de Ciudad Victoria: este año, hasta la fecha, el recuento es de 154 homicidios dolosos, de los cuales 135 fueron cometidos con armas de fuego.

Las cifras han ido creciendo con el paso de los años: del 2015 hay contabilizados 56 muertes dolosas, 21 con balas. El récord creció en el 2016 con 217 asesinatos, 166 a tiros.

El año pasado la criminalidad se disparó: 228 homicidios dolosos, 200 con balas.

El recuento trágico, vaciado en Excel por algún burócrata federal, permite visualizar cuantos victorenses murieron ejecutados o en circunstancias violentas pero la tragedia es mayor, de infinitos alcances, y la viven y sufren miles de familias diezmadas y desmoralizadas.

Por lo pronto Victoria languidece lentamente. Pese al esfuerzo del régimen actual por poner paz, cada día cierran más comercios, se marchan los inversionistas que tenían planes de establecerse aquí y éxodo de ciudadanos casi con rango de desplazados va en aumento.

Un vendedor de bienes raíces que emigró a Monterrey dimensiona la tragedia:

“Docenas de familias malbaratan desesperadas sus casas aquí para comprar algún lugar donde vivir en Monterrey, Brownsville o McAllen, lejos del miedo”.

Es una realidad que se puede retratar: negocios cerrados, casas en venta, lo mismo en las colonias marginales que en los barrios residenciales, escasez de médicos, empresarios y profesionistas asustados por el acoso de la delincuencia, vida nocturna cancelada, etcétera, etcétera…

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