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Columnas: La Talacha

Alcaldes en fuga

/ 13 de septiembre, 2018 / Francisco Cuéllar Cardona

Por lo menos cinco alcaldes tienen desde ahora comprado su boleto de avión, junto con toda su familia para irse de Tamaulipas, apenas amanezca el 1 de octubre. Unos huyen de los proveedores, otros están amenazados por la delincuencia, y los más deshonestos escapan de la Auditoría Superior del Estado, quien ya estaría turnando los casos más espinosos a la Fiscalía Anticorrupción.

Y los de las uñas más largas, están poniendo tierra de por medio porque se gastaron dinero federal y no saben cómo comprobar el destino de éstos.

Nadie está para saberlo, pero los alcaldes que terminan, incluso los que continúan tras ganar su reelección, tienen observaciones en sus estados financieros; algunos graves, otros no tanto, pero todos tienen sus tachas administrativas. Algunos ya lograron solventar sus fallas, pagando o devolviendo el dinero que no supieron justificar, pero otros de plano están en la lista negra de ir a prisión.

En este proceso de revisión de las cuentas, queda demostrado que no hay una aplicación ordenada de los dineros públicos; no hay disciplina, ni compromiso por cuidar el recurso público, tampoco honestidad, ni compromiso de rendir cuentas y ser transparentes. 

Esta realidad, obliga al Congreso y a la misma Auditoría Superior a ser más estrictos y contundentes contra aquellos alcaldes o servidores públicos que se pasan de listos y les crecen las uñas de una forma descarada durante el tiempo que están en los cargos.

La honestidad y el compromiso con la transparencia, es una responsabilidad que nadie toma en serio, ni le da el lugar que se merece. Sólo en este proceso de entrega-recepción, los alcaldes que se van están hechos bolas y no saben cómo tapar los hoyos administrativos que tienen, de ahí la urgencia de irse de Tamaulipas en cuanto llegue el 1 de octubre.

Hasta ahora los alcaldes tienen un boquete económico de casi mil millones de pesos que no saben cómo explicar su paradero, y lo más delicado de todo es que la mayor parte de los recursos extraviados, no son estatales, sino federales y las auditorías centrales están siendo implacables con quienes anden mal en sus cuentas.

El otro tema, que trae de cabeza a los ediles salientes, es el de la seguridad y las amenazas de los grupos delincuenciales con quienes hicieron algunos tratos y no los cumplieron y están siendo hostigados y acosados. Su vida está en peligro.

En cuanto a las deudas con los proveedores, es una bomba de tiempo que les dejarán a los alcaldes entrantes y que seguramente explotará apenas lleguen. Los forcejeos que están teniendo la mayoría de los equipos de transición es que los actuales ediles se gastaron todos los recursos del mes de septiembre, que de acuerdo a la ley deben ser reservados para los que entren y puedan solventar su arranque. A estas alturas, ese dinero ya desapareció y los conflictos están subiendo de tensión. Este es
otro elemento en contra para los que se van, y que los obliga a tener ya listas sus maletas para darse a la fuga.

Hasta donde se sabe, unos ya tienen sus destinos en el caribe y otros en los Estados Unidos. Un alcalde de la Ribereña, fue tanto su miedo por lo que le pueda pasar, que ya mandó a su familia a la madre patria.

Es la hora de la fuga, dicen.