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Columnas: Café Expreso

La feria del hueso

/ 13 de septiembre, 2018 / Café Expreso

En los tiempos felices del esplendor priísta, cada víspera del relevo presidencial desataba una romería de obstinados “buscachambas” en las oficinas donde provisionalmente despachaba el nuevo sol, el ciudadano privilegiado por el voto ciudadano que pronto tendría en sus manos el destino de la Nación.

El ingenio de Rius y de otros caricaturistas de la época inmortalizó la triste estampa de los lambizcones que asediaban al presidente recién electo para ofrecerle su condición de expertos en todo. Aquella vieja práctica ha revivido.

Ahora ocurre lo mismo con Andrés Manuel López Obrador, y entre el ejército de solicitantes abundan los tamaulipecos que ansían colocarse, preferentemente en un lugar donde haya presupuesto suficiente, aunque les paguen poquito.

Como pionero en este ejercicio de trepadores aparece en primer lugar Carlos Cantúrosas. Se sabe que el neolaredense se hizo presente ante López Obrador para decirle que le encantaría colaborar con su gobierno y que difícilmente encontrarían a alguien que igualara su talento para dirigir la Dirección General de Aduanas.

Obviamente que a Cantú lo mandaron con cajas destempladas. Ni siquiera una cachucha de policía fiscal le ofrecieron porque en Morena no han olvidado que dejó los rayones cuando fue convocado a pelear Nuevo Laredo.

También ha trascendido que José Ramón Gomez Leal, mejor conocido como JR, ha asumido entre sus cuates su condición de virrey y está prometiendo que las chambas más jugosas serán para ellos.

JR quiere para sus amigochos la delegación de Puentes y Caminos, altamente redituable, y trae en la mira para sus incondicionales lo que ahora es la delegación de SCT, la Conagua, el IMSS, Sagarpa y Sedesol. Considera el superdelegado que sería imperdonable dejar en manos de desconocidos esas posiciones.

Pero JR no es el único preocupado por resolver el desempleo de sus camaradas. Alvaro Garza Cantú cree que es tan amigo de AMLO que no le va a negar lo que le pida. Sus gestiones son reforzadas por su cuatacha Yeidckol Polenvsky, huésped frecuente del Posada de Tampico.

Trae en la mira varias posiciones pero lo que más urge al hotelero tampiqueño es evitar que API-Altamira caiga en manos extrañas cuando el polémico Coché concluya su gestión. Su bronca es que sobre lo mismo anda Fernando Azcárraga, quien cree que nadie más que él merece esa chamba.

En la casona de la colonia Roma, oficina provisional de López Obrador, se aparecen frecuentemente Ramón Garza Barrios, Lalo Gattás y otros ilustres ex priistas que esperan como premio una productiva chamba que recompense los votos que le arrimaron al tabasqueño, según ellos.

No esperan ni aceptarán cualquier cosa. Creen sinceramente que sin su talacha electoral los resultados de Morena no habrían sido tan exitosos, y además tienen la certeza, modestia aparte, de que AMLO tendrá que apoyarse en ellos para ganar el Congreso Local.

Así las cosas, con tanto talento disponible y empeñado en sacrificarse por Tamaulipas, no será tan sencillo renovar la estructura local del Gobierno Federal.

Los dos meses y medio que deberán transcurrir para la toma de posesión de López Obrador serán insuficientes para atender a tantos tamaulipecos que reclaman una generosa recompensa.

La sospecha generalizada es que muchos se quedarán chiflando en la loma, extrañando los tiempos del viejo PRI.