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Columnas: La Talacha

El adiós de Óscar

/ 14 de septiembre, 2018 / Francisco Cuéllar Cardona

Este jueves, Óscar Almaraz rindió su segundo y último informe de gobierno al frente del municipio. Su administración, pese a sus detractores, fue buena y con resultados a la vista, comparado con los últimos cuatro gobiernos municipales que le antecedieron, que fueron un desastre y no hicieron nada.

Enfrentó dos problemas que le hicieron mucho daño: la inseguridad y el problema del agua, este último fue el que más trastornos políticos le causó, sin embargo, siendo objetivos, son dos temas imposibles de resolver y que heredó de anteriores administraciones, además, no son enteramente de su competencia. El asunto de la seguridad, compete a la Federación y al Estado, a partir de que se instituyó el mando único. Y el asunto del agua, estuvo siempre fuera de su alcance porque ese se resuelve con dinero de la Federación y del mismo Estado que tienen recursos para costear una nueva línea del Acueducto que cuesta arriba de los 800 millones de pesos, y que el
municipio de Victoria jamás tendrá, si no hay apoyo federal o estatal.

Aun así, Óscar aguantó callado los golpes y las críticas; jamás repartió culpas y apechugó todo. No faltó quien dijera que fue demasiado sumiso con los otros niveles de gobierno, pero él sabe que era mejor así, porque las condiciones políticas en nada le favorecían. 

Jamás lo va a decir, pero Óscar, sufrió mucho su gobierno, a pesar de que no paró nunca, ni bajó el ritmo de trabajo. Tuvo que mostrar siempre su mejor cara, sonriendo y callando para ocultar la presiones que enfrentó.

La gestoría fue su tarea más aplaudida, pues en dos años logró traerse fuera del presupuesto más de 600 millones de pesos que le valió instrumentar un programa de pavimentación como hacía mucho tiempo no se veía en la ciudad. La inversión en obra pública le dio un respiro a Victoria que arrastraba una falta de circulante de más de 3 años, desde que estaba Egidio Torre en el gobierno estatal.

Por su trabajo, se pensó hasta el último momento que ganaría la reelección; era de los pocos, si no el único al que se le reconocía el mérito de repetir, pero el fenómeno de Morena y López Obrador, y las circunstancias políticas locales, le cortaron el sueño de seguir.

En lo político, fue el más institucional y disciplinado con el gobernador Cabeza de Vaca, aun cuando no son del mismo partido; no faltó también quien dijera que Óscar parecía más panista que priista. Su respeto y colaboración con el gobierno del Estado, nunca estuvo en discusión, incluso cuando su ex jefe, Eugenio Hernández Flores llegó al penal, mantuvo una distancia política, que hasta le valió algunos reclamos de geñistas porque, aseguran no fue a verlo. Pero Óscar, simplemente jugó con el librito de la política: calladito, disciplinado, guardó las formas y no le ganó el protagonismo.

Sufrió su gobierno, sí. Más incluso que cuando Egidio Torre lo hostigó cuando estuvo en el Congreso, en una comisión de segunda. Comparada esa etapa, con esta que termina, Óscar, debe estar esperando el 30 de septiembre para respirar y librarse de la tensión a la que fue sometido, pero con la satisfacción personal de haber hecho la tarea, bien.

¿Qué es lo que viene para él?. Seguramente descansar, mantener un perfil bajo y ver en enero del 2019, como pintan los escenarios. Es un cuadro priista probado y reconocido que seguramente será buscado para proyectos futuros. El 30 de septiembre se va, dejando la vara muy alta al doctor Xico, con quien lleva un proceso de entrega-recepción, muy tersa y amigable. 

 Los victorenses, a estas alturas del partido, no piden mucho, tanto que si no se acaba la violencia o el problema del agua continúa, al menos que el doctor Xico le entre con todo y buen ritmo para tener una ciudad ordenada y bien administrada. Sería lo menos que se le pediría al doctor, que dicho sea de paso trae ganas de hacer bien la tarea. Ojalá y mantenga el ritmo de Óscar.