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Columnas: La Talacha

Debate por la Guardia

/ 09 de enero, 2019 / Francisco Cuéllar Cardona

El país de los políticos y de los hombres que gobiernan, está construido a base discursos, demagogia, palabrerías y argumentos que sólo ellos antienden. En un país de “güeva” en el que vive esta especie que que se alimenta del dinero público y que sea dejarlo, aunque, muchos se regocijan asegurando que ahora sí, todo va a cambiar.

¿Por qué la afirmación?, se preguntarán algunos. 

Ayer inició en el Congreso de la Unión el Foro sobre lo que pretende ser la Guardia Nacional. Agrupación militar que en opinión del nuevo gobierno sería la indicada para acabar con esta guerra protagonizada por las bandas del crimen organizado, que han inundado de muerte, de sangre y dolor al país desde hace más de 12 años.

Al Foro de marras, fueron invitados 15 gobernadores, diputados y senadores, quienes hablaron en favor y en contra del dictamen que crea la Guardia Nacional. Fueron 7 horas de discusiones, de dimes y diretes; unos opinando a favor y otros en contra. El argumento de los que están a favor es que la Guardia Nacional, es el inicio de la militarización del país, y por consecuencia una amenaza real a la violación de los derechos humanos. Estos mismos, que hoy están en contra, en el sexenio pasado estaban a favor, y viceversa: los que ayer estaban a favor, hoy están en contra.

Fueron horas de discusiones pérdidas. Todos buscando el reflector y la mejor frase para arrancar el aplauso. Un protagonismo que contrasta con la verdadera realidad que vive el país, pues mientras diputados y senadores se desgarraban las vestiduras, en las calles del país, los sicarios y las bandas del mal, matan, secuestran, extorsionan y siembran el terror entre una población indefensa que grita, reclama paz y tranquilidad para vivir, pero nadie los escucha.

El país de la simulación y de la mentira en la que viven los hombres del poder público y que se visten de diferentes colores partidistas, no puede seguir en manos de estos barbajanes y depredadores del presupuesto.

La Guardia Nacional, con mandos militares o civiles, o el Ejército, o la Marina, o como se les llame, urge que entre en operaciones, pues los índices de violencia son intolerables e insoportables. No es posible, que mientras allá arriba, en el limbo, en donde habitan los hombres del poder se desgañitan en discusiones estériles, abajo, las familias estén con el Jesús en la boca pidiendo al cielo porque los demonios armados sigan matando y asesinando a inocentes. 

En Nuevo León la violencia ha vuelto con más fuerza. La liberación de varios líderes del narco han convertido de nueva cuenta a la zona metropolitana de Monterrey en un campo de batalla: ejecuciones, balaceras, cobros de piso, levantones, se están volviendo otra vez, en una práctica común. 

Adrián de la Garza, alcalde electo de Monterrey declaró que la ciudad está amenazada y pueden regresar los tiempos de guerra que se vivieron en los últimos años del gobierno de Rodrigo Medina.

En Tamaulipas  los muertos siguen cayendo como hace más de 12 años y nadie hace nada. Las bandas delincuenciales siguen imponiendo su ley a punta de balas.

La Guardia Nacional, como sea y como venga, debe ser aprobada ya.  Los diputados, senadores, y los gobernadores que conocen y sufren el problema, deben hacer a un lado intereses, ideologías y discursos demagógicos para buscarle una solución al problema de la inseguridad del país, que se ha convertido en el problema número.

Los Foros y las confrontaciones ideológicas organizadas por el Congreso de la Unión, deben hacerse a un  lado y atender las prioridades.

Primero es lo primero. Si la Guardia Nacional no funciona, se puede cambiar, pero retardar su aprobación es un crimen, y los señores que ayer dejarán toneladas de saliva en San Lázaro, deben ponerse a gobernar y a escuchar la voz de la gente.