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Columnas: Acá por la sierra madre

La calle es nuestra

/ 29 de enero, 2019 / Adalberto Guevara

Hace unos días terminé el libro “Yo, Díaz” de Pedro J. Fernández. Una novela fascinante sobre la vida del ex Presidente de México en la cual el propio José de la Cruz Porfirio Díaz Mori cuenta sobre su vida a su última esposa Carmen Romero, 37 años menor que él y oriunda de Tula, Tamaulipas.

La “autobiografía” está repleta de anécdotas militares, amorosas, de amistad, pero lo que más captó mi interés fueron todas aquellas relacionadas con el pensamiento político del General, las cuales por cuestiones de espacio me referiré a las relativas al acceso al poder, su permanencia y el recuerdo.

¿Cómo se inicia Porfirio Díaz en política? Ni él lo supo. Su participación militar en la Guerra de Reforma fue extraordinaria y decisiva para que el partido liberal resultara triunfador y con ello su popularidad creció. Su hermano “Chato” le dijo “vas a necesitar todas tus fuerzas porque fuiste votado en una elección popular… ya te hiciste fama y el partido liberal te nominó.

Ahora eres diputado federal por el distrito de Ocotlán”.

“En política, a menos que seas parte del pueblo, tienes que pensar con la cabeza, no con el estómago” le dijo a su hermano Chato, quien ya era Gobernador de Oaxaca. Y así lo hizo el ex Presidente Díaz quien “confiesa”: “armé un gabinete de chile, monte y manteca: juaristas, lerdistas, porfiristas y todo aquel que me ayudara a levantar el país”.

Sobre el recuerdo, Díaz “habla” del General Ignacio Zaragoza a quien atribuye su fama e inmortalidad al hecho de que murió joven y en el punto máximo de su carrera militar gracias al éxito de la batalla de Puebla contra el ejército francés.

En el México contemporáneo se pueden encontrar múltiples ejemplos de personajes que cumplieron con las ideas de Porfirio Díaz para acceder, permanecer y ser recordados en el poder.

Miguel Ángel Mancera realizó un extraordinario papel como Procurador General de Justicia en el sexenio de Marcelo Ebrard, lo que le dio la fama suficiente para ser candidato y posteriormente Jefe de Gobierno. Sin embargo, su sexenio dejó un mal sabor de boca porque su falta de oficio político le impidió sumar a todas las fuerzas del Partido de la Revolución Democrática para hacer un buen gobierno. Hoy ocupa un escaño en el Senado de la República por la vía plurinominal. ¿Habría llegado a este último cargo por la vía electoral? Se antoja improbable. ¿Le hubiera convenido a su imagen pública retirarse a su vida académica en el mejor momento de su carrera?

Luis Donaldo Colosio Murrieta se mantiene en la memoria colectiva como “el excelente Presidente que no fue” y aunque nunca tendremos certeza sobre su actuación, su muerte prematura le ha dado esos honores, los cuales le son negados a quienes empiezan y terminan su mandato.

¿Qué lecciones podría dar Porfirio Díaz a los políticos activos del país? Llega a acuerdos. Crea alianzas. Dale espacios a los que más puedas. No juegues con tus mismas barajas. Y sobre todo, salte cuando más alto estés.

A OJO DE BUEN CUBERO
Profundamente lamentable la explosión ocurrida en Tlahuelilpan, Hidalgo. Una desgracia que da ejemplo de las carencias sociales y políticas que se viven en México.