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Columnas: La Talacha

El noreste y los soldaditos de plomo

/ 07 de febrero, 2019 / Francisco Cuéllar Cardona

Los tres estados del noreste del país: Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, ven, sufren, sienten y atacan la inseguridad y la violencia desde diferentes ópticas y estrategias. Cada gobierno actúa en función de su interés y su disposición. A todos les preocupa sí, pero cada quien opera el problema desde un plan particular; no existen acciones conjuntas o integrales, a pesar de que en muchos discursos se habla de eso.

Ayer, Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública Federal anunció que van a las 17 regiones más violentas del país, 10 mil policías, soldados y marinos para reducir los altos índices de ejecuciones, que en los primeros días del año se ha disparado como nunca antes.

A Nuevo León, llegarán o llegaron 600 efectivos, a Tamaulipas mil 200, y a la zona de Piedras Negras, en Coahuila, estarían arribando otros 600. Y aunque se habla de una coordinación con los Estados, no lo hay. Cada quien llega por su lado y actúa como su interés le da a entender.

¿Pero cómo se ve, se vive y se enfrenta a los violentos en cada entidad?.

Tamaulipas, el Estado más golpeado por la guerra entre los cárteles desde hace más de 14 años, la estrategia es demagogia. El gobierno federal pasado vino, mandó soldados y luego se los llevó.

Las ejecuciones, las balaceras, los narcoloqueos, son pan de cada día, y la gente, de manera inconcebible “ya se acostumbró” a vivir en este infierno. Y lo que es peor, nadie grita, nadie protesta, por el miedo y por el estado de indefensión en que se encuentra toda la sociedad tamaulipeca, en donde la policía es la menos confiable para pedirle auxilio. De este lado todo mundo está silenciado. El único camino que queda, es aguantar y alzar los ojos al cielo y pedir al poder divino que esta guerra termine. Así se vive en Tamaulipas, por eso, el anuncio de la llegada de mil 200 policías, saldados y marinos al Estado, no es noticia, ni alegra a nadie. El territorio tamaulipeco, es simplemente, territorio apache.

En Coahuila, la inseguridad alcanzó su pico en los sexenios de los hermanos Moreira (Humberto y Rubén) que aun sobreviven y se pasean orondos por las calles; uno de ellos: Rubén, aun es diputado federal y cobra una jugosa dieta. La violencia vino abajo en los últimos dos años, pero la  región de Piedras Negras y Monclova se ha calentado de nuevo por ejecuciones y balaceras. Aquí, igual que en Tamaulipas, tampoco nadie protesta, porque no hay quien los defienda, y el gobierno de Miguel Riquelme, no ve, ni escucha a las pocas voces que se levantan y que claman por la paz. La sociedad coahuilense, también está silenciada y no cree en la estrategia de seguridad del gobierno de la Cuarta Transformación.

La Guardia de Andrés Manuel, son soldaditos de plomo que solo sirven de adorno y decoración en medio de una guerra de verdad, que todavía no entienden ni comprenden y que quieren combatir con discursos.

En Nuevo León, donde se padece hoy una crisis de violencia similar a los últimos años del sexenio de Rodrigo Medina, las estrategias son las mismas, fracasadas y con un gobierno estatal indolente y torpe que le importa un carajo lo que suceda en la entidad.

La diferencia de Nuevo León, frente a Tamaulipas y Coahuila, es que todos los días, la sociedad, los actores de la iniciativa privada, las cámaras empresariales, el Congreso, los líderes sociales, los medios de comunicación, no se cansan de gritar y de denunciar.

Los descuartizados, descabezados, las narcomantas, y la guerra sin cuartel de las bandas, se convirtieron ya eventos comunes en toda la zona metropolitana. Nuevo León ya entró en una etapa crítica, que nadie puede frenar, ni los 600 efectivos que anunció Alfonso Durazo que venían a Nuevo León.

El Noreste del país, es una zona de guerra. Los límites territoriales ya no existen, las bandas del crimen se brincan de un Estado a otro, sin que ninguna policía los combata.

La guerra está aquí y los muertos aquí se ven caer todos los días; la sociedad está atemorizada, y nadie mejor que las autoridades locales que saben y conocen del problema, para enfrentarlo. ¿Para qué seguir esperando que la Cuarta Transformación y su romanticismo llegue con su amor y paz frene a los violentos que solo entienden y hablan con el lenguaje de las armas?.

La llegada de más policías, soldados y marinos a la región noreste, es una medida mediática que solo sirve para eso: para nada.