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Columnas: Polvo del Camino

Elías y la leyenda de un fantasma

/ 10 de mayo, 2019 / Max Ávila

Mi amigo Elías Orozco Salazar, asegura “tocar como nadie”, el bajo sexto. Habilidad que supongo, aprendió durante los años que permaneció en prisión, (creo que fueron once), tras el incidente donde muriera Eugenio Garza Sada en Monterrey, el 17 de septiembre de 1973.
Se trató de aquel frustrado secuestro donde el empresario por cierto, murió en brazos de Elías.
El hecho sacudió a la nobleza regia y fue razón para intensificar la guerra sucia contra grupos clandestinos, como la Liga 23 de septiembre, (a la que pertenecía Orozco), y el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas.
No olvidéis que Luis Echeverría Álvarez “la hacía” de presidente de México y Pedro Zorrilla Martínez de gobernador neolonés. El primero que se ganó el cargo como premio a la matanza del 2 de octubre del 68, y el segundo impuesto por Emilio Martínez Manautou, poderoso secretario de la presidencia que lo fuera con Gustavo Díaz Ordaz.
De manera que Elías maneja el bajo sexto con perfección no igualada, y a las pruebas se remite.
Pero antes un paréntesis para recordar que otro 17 de septiembre, pero 15 años después, nuestro amigo presenció la muerte del temido comandante Florentino Ventura Gutiérrez,(“Álamo 1”), por ese tiempo director de Interpol México.
“El destino me persigue”, decía Orozco, como parte del reportaje publicado en conocido medio por quien esto escribe.
Y lo decía más o menos así: “¿Cómo iba a imaginar que mi esposa Olga, era amiga y hasta comadre de la mujer de Florentino, (María Cira, una mujer de singular belleza, aseguran quienes la conocieron), y que el policía y yo nos volveríamos a encontrar en ciudad Mante, cuando vino a buscar a su compañera, después de una de sus tantas diferencias?”.
Y es que Ventura había sido el gran torturador de integrantes de grupos guerrilleros, incluso se le acusaba de fallecimientos por los bárbaros métodos aplicados. Era sádico, se encargaba personalmente, siendo director de la judicial federal.
La historia relatada por Elías al columnista, es semejante a la aparecida en algunos medios nacionales, aunque con variantes que toman importancia después del reciente anuncio del gobierno federal respecto a la apertura de expedientes “secretos”.
Entre ellos, el relacionado con la muerte de Ventura, en torno de la que surgen conjeturas de todo tipo, sin que hasta ahora existan evidencias de manipulación del escándalo que cimbró al sistema político-judicial de la época.
Dicese, entre otras cosas, que “sabía demasiado”, por ello fue eliminado por el propio gobierno y que hasta contrataron un sicario internacional, “para hacer el trabajito”.
Es parte de la leyenda tejida alrededor del policía.
FUE UNA TARDE DE SEPTIEMBRE
Lo conocido y relatado por mi amigo, es que el comandante había invitado a él y a su pareja a celebrar las fiestas patrias en la CDMX y que “pa’ aplacar la resaca”, el 17 de septiembre de aquel 88, salieron a comer carnitas al restaurant “Arroyo” y que ya entrados en ambiente, decidieron acudir al bar de Sanborn’s Perisur, para después cruzar Insurgentes, estacionar el coche manejado por Florentino, a un lado de lo que fueran instalaciones y oficinas del INPI. (Instituto Nacional de Protección a la Infancia, después DIF).
Se trataba de caminar y despejarse un poco de las difíciles celebraciones patrias.
“Se adelantaron Cira y Florentino”, dice Elías, “y empezaron a discutir tan fuerte que, preocupada mi mujer avanzó hasta alcanzarlos tratando de poner paz, pero cuál sería la sorpresa que el policía sacó su pistola asesinando a su compañera, para después hacer lo mismo con mi esposa”.
“Me quedé frío”, relata, “creyendo que seguía yo, porque pistola en mano venía a encontrarme, aunque se detuvo a unos pasos solo para pegarse un plomazo en la boca”.
La pistola era una 9 milímetros.
Por supuesto, Elías fue detenido, aunque por algunas horas, tras comprobarse no haber participado en los hechos.
Sin embargo el acontecimiento quedó registrado en la memoria pública, ampliado por el morbo correspondiente.
Aquí viene la importancia de que Elías toque el bajo sexto “como nadie”, porque, obligado quizá por la necesidad de ganarse la vida, hubo de entrarle a la tocada, aceptando la invitación de Lupe Tijerina, “su cuate”, quien buscaba fortalecer a “Los cadetes de Linares”, al fallecer Homero Guerrero.
“Como parte del grupo, agrega, “viajé a muchos lugares dentro y fuera del país, pero lo curioso era que, sobre todo en los palenques de mayor fama, se me acercaban los federales que tenían bajo vigilancia tales lugares, para ponerse a mis órdenes”.
En broma Elías decía: “estos cabrones creían que yo tendría algo que ver en la muerte del comandante, por eso con mucho respeto se me cuadraban, o a lo mejor con miedo”.
Y es que Florentino Ventura era como un dios en el mundillo judicial, el alumno más avanzado y mejor aprovechado de Miguel Nassar Haro, el siniestro jefe policiaco que solo atendía órdenes de dos personajes: El secretario de Gobernación y el presidente de la república.
Entre las hazañas de Florentino se cuentan, la investigación y destrucción de los sembradíos de droga en el rancho “el búfalo” en Chihuahua, calculados en diez mil toneladas de mariguana, así como la detención de Rafael Caro Quintero y la aclaración de la muerte del agente encubierto de la DEA, Enrique “kiki” Camarena.
A treinta años y algo más de su desaparición, el fantasma de Florentino Ventura parece perseguir todavía a Elías Orozco, o, será “el destino”, como asegura el ex integrante de la liga 23 de Septiembre.
Aunque lo importante es que sigue tocando el bajo sexto “como nadie”. Eso es lo más mejor.
Y hasta la próxima.