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¿AMLO no quiere que crezca la economía?

/ 04 de julio, 2019 / Carlos Elizondo Mayer-Serra

En voz de AMLO: “Voy a usar una frase del revolucionario que más admiro […]: ‘Hechos, no palabras’”. La decisión de iniciar un arbitraje para siete ductos contratados por la CFE en el gobierno anterior importa mucho más que decenas de reuniones donde el gobierno y empresarios se dicen cosas bonitas sobre cuánto va a crecer la economía.

Dada la información pública, los contratos denunciados son los usuales para este tipo de servicios. Se denominan take or pay, toma o paga. Si la obra se atrasa por una razón no atribuible a quien provee el servicio, el contratante lo paga, aunque no lo pueda usar. Si la obra se retrasa por culpa del constructor o si sus costos son mayores a los esperados por errores suyos, el contratante no paga más de lo estipulado.

En el gobierno de AMLO no entienden el daño que esta decisión tiene para futuras inversiones, aunque parece que se los explicaron los empresarios que se reunieron el martes con el Presidente. AMLO anunció ayer “una tregua”.

Estos contratos fueron elaborados y firmados por una empresa del Estado mexicano, la CFE, que sometió la obra a licitación. Todo proyecto futuro tendrá que sumar a sus costos el de un gobierno que puede buscar el arbitraje no porque haya desacuerdo en la interpretación de una cláusula, sino porque desea que se desconozcan cláusulas completas del contrato. Con un mandatario que ha dicho “si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia”, nadie puede estar seguro de que, si pierde el arbitraje, el gobierno acatará la decisión.

Se han abierto las negociaciones. O así las llaman. En palabras de Manuel Bartlett: “Pueden durar un día, sólo es cosa de que acepten nuestras condiciones”.

En un entorno incierto, como el que ha generado Trump, el gobierno mexicano requiere, con mayor razón, pensar en las consecuencias de sus acciones. No se trata de no sancionar a quienes hayan robado en el pasado, sin embargo, en este caso el gobierno no alega que haya habido sobornos en estos contratos. Simplemente a AMLO no le gustan.

En sus palabras: “Les dieron contratos para hacer los gasoductos a 20 años. Si un gasoducto costaba mil millones de dólares, terminábamos pagando ocho mil millones de dólares; si se interrumpía la construcción, teníamos que pagar multas; si lo paraban los Yaquis, teníamos que pagarles”.

La realidad es que nuestra economía está estancada y la única forma de crecer es con mayor inversión privada. Ésta requiere certidumbre. AMLO cree “que si no hay corrupción puede haber crecimiento económico, que la corrupción no permite que haya crecimiento”. Es una ganancia un gobierno más honesto. Pero no es suficiente. Se requiere certidumbre de que los contratos se van a respetar.

Requerir certidumbre puede parecer una frase hueca, pero todos la consideramos en las decisiones económicas que tomamos, hasta como consumidores. Comprar un auto, por ejemplo, dependerá de qué esperamos en el futuro. Si hubiera una cierta probabilidad de que en el futuro alguna decisión del gobierno afectará de forma significativa el valor del auto, es menos probable que lo compremos. En el caso de una inversión importante y de largo plazo, donde no hay un provecho por el consumo del bien, la incertidumbre es veneno.

No se contraponen los objetivos sociales de AMLO con el respeto a los contratos vigentes. Se necesitan mutuamente. Una economía en crecimiento permite una mayor recaudación y ayuda a disminuir la violencia. Una población satisfecha con sus niveles de bienestar permite mayor estabilidad política y, por tanto, mayor certidumbre. Está del lado del gobierno romper el actual círculo de desconfianza, con hechos, no con palabras.

AMLO ha dicho que “una cosa es lo deseable y otra lo posible”. También ha dicho que “debemos todos quitarnos la carga ideológica y ser muy realistas”. En este caso, el gobierno no parece serlo, bueno, si lo que busca es una economía con mayor crecimiento.