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Columnas: La Talacha 

La dignidad de Rosario 

/ 14 de agosto, 2019 / Francisco Cuellar Cardona

Por Francisco Cuellar Cardona

La dignidad de Rosario 

La historia política de Rosario Robles, ex secretaria de Sedatu y SEDESOL en el sexenio pasado y que este martes fue vinculada a proceso por el presunto desvío de más de 5 mil millones de pesos del erario público, es controvertida y polémica. 
Para muchos es justo y merecido que hoy esté en prisión preventiva para que responda a las acusaciones que le hace la Fiscalía General de la República, pero también muchos creen que es víctima de una venganza política de Andrés Manuel López Obrador a quien responsabiliza del aquel episodio escandaloso de «Bejarano y las Ligas» en el que habría participado Rosario en complicidad de Carlos Ahumada, Vicente Fox, Carlos Salinas y toda la mafia del poder.
Culpable, inocente o víctima, eso lo decidirán los jueces que llevarán el caso, pero lo que sí llama la atención es el valor y las faldas que tuvo Rosario Robles para enfrentar al juez y dar la cara sobre las acusaciones que pesan en su contra, «aquí estoy como siempre, dando la cara porque nada temo y nada tengo que ocultar”, dijo la ex funcionaria el viernes y lo ratificó el lunes que regresó ante los jueces.
Esa actitud, no la ha tenido ningún funcionario o político pillo del pasado y del presente que hoy están prófugos de la justicia o que se tuvo que perseguir para detenerlos a través de la Interpol o alguna policía nacional.
El ejemplo más claro es Emilio Lozoya, quien a pesar de tramitar todos los amparos, no ha tenido el valor para dar la cara y plantarse ante la autoridad y responder de todo lo que se le acusa.
Javier Duarte, y todos los ex gobernadores que hoy están en prisión, huyeron hasta que la justicia los alcanzó, pero ninguno tuvo los tamaños que sí mostró Rosario Robles, y eso, aunque sea culpable, lo coloca en una posición digna, incluso hasta en condición de víctima, porque por ley pudo enfrentar el proceso en libertad, y nunca creyó que la ignorancia de un juez ordenara su encierro de inmediato, porque el delito por el que se le acusa, le permite seguir el proceso en casa, pero la ligereza e ineptitud del juez no se lo permitió y su argumento fue que Rosario Robles podría darse a la fuga, por eso ordenó darle prisión preventiva inmediata.
La detención de Rosario, es un evento que hacía muchos años no se veía en la justicia mexicana; el último caso ocurrió con Jorge Díaz Serrano, ex director de Pemex en el sexenio de Miguel de la Madrid.
Algo más que deja la detención de Rosario Robles es que, si bien fue omisa y tiene una responsabilidad jurídica, aquí deberían de ir por los peces gordos de la corrupción; y no es que Rosario no lo sea, pues su condición de secretaría de Estado justifica el tamaño del daño y del castigo, pero aquí el que debería estar tras las rejas es Enrique Peña Nieto. El fue responsable de un sexenio de corrupción y cómo tal debe rendir cuentas ante la justicia.
Si Andrés Manuel López Obrador quiere convencer de que su lucha contra la corrupción es verdadera y diferente al pasado, está obligado a sentar en el banquillo al ex presidente.
Rosario lo dice: “no se mandaba sola”, además de que en su momento hizo saber a Peña Nieto de todas las pillerías que estaban registrándose en la dependencia a su cargo.
Si esto es de a deveras, y no se trata de chivos expiatorios ni venganza políticas, quien debe ser el próximo en caer, es Enrique Peña Nieto.