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Columnas: La Talacha

Los fantasmas de Calderón 

/ 09 de octubre, 2019 / Francisco Cuéllar Cardona

Ayer, el expresidente Felipe Calderon, volvió a estar en boca de todos. Su pasado y sus pecados lo van alcanzar a donde vaya; serán como un fantasma que lo va acompañar hasta los últimos días de su vida. 

Había sido invitado a participar en el Simposio Internacional de Derecho, organizado por la Licenciatura de Derecho que se imparte en el Tecnológico de Monterrey, en el campus de la capital regia, pero los eventos de violencia que se registraron el 19 de marzo del 2010 frente a las instalaciones de esta Institución que cobró la vida de dos estudiantes, fueron revividos y la comunidad estudiantil y las familias de las dos víctimas se manifestaron en contra, y el expresidente terminó por cancelar su participación en el encuentro que estaba programado para este miércoles.

Calderón tuvo que hacerse presente en todos los noticieros más importantes del país para detener el linchamiento en su contra en las redes sociales, tanto que terminó comprometiéndose a sostener un encuentro con los padres de los estudiantes que murieron en aquel trágico episodio que no se olvida, que hoy como siempre le será reprochado a donde vaya y a donde se pare.

Felipe Calderón, ha pasado a la historia como el presidente que inició el baño de sangre y muerte al país a través de una guerra que no acaba. El dice, tratando de justificarla, que México en ese momento estaba en manos de los delincuentes y que tuvo que sacar el ejército de los cuarteles para combatirlos. Lo que no acaba de admitir es que al final de su sexenio, el país estaba peor con 120 mil muertos y más de 25 mil desaparecidos. Y lo que es peor: la cifra se duplicó en el sexenio de Enrique Peña Nieto. Calderón, en sus alegatos inútiles no termina de admitir que se equivocó. 

Todos los análisis y ensayos escritos por especialistas nacionales y extranjeros, coinciden que la decisión de Calderon no fue la correcta, pero él insiste que sí, por tanto tiene apechugar el resto de sus errores.

Felipe Calderón no solo cometió el error de declarar una guerra estúpida, sino que fue omiso, cómplice, y hasta existen evidencias de que alentó esa iniciativa. Algunos aseguran que desde Los Pinos se patrocinaron grupos delincuenciales porque así convenía a los intereses del gobierno calderonista.

A Tamaulipas, durante su sexenio le dio la espalda. «Fueron muchas veces que le pedimos que nos mandara el ejército y nos apoyara con la policía federal, y nunca nos atendió; nos ignoraba», cuenta un ex secretario de Seguridad Pública.

«Politizó la guerra contra el narco, y eso es imperdonable, por eso la historia debe juzgarlo con todo el repudio que se merece», insiste el ex funcionario de seguridad.

Felipe Calderón ahora se pasea con toda la República tratando de darle vida a un partido político junto con su esposa Margarita. Quiere ser diputado plurinominal por su nuevo partido «México Libre». Pero debe pensarlo dos veces. La fama y el estigma de sus pecados lo van a perseguir siempre. El incidente del Tecnológico de Monterrey, es una muestra de lo que le espera. Los pecados del pasado, siempre alcanzarán a los políticos. No debe olvidarlo.