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Columnas: La Talacha

¿Enemigos o adversarios?

/ 07 de noviembre, 2019 / Francisco Cuellar Cardona

Ni una cosa, ni la otra.

Nunca, en ningún gobierno, ni liberal, ni conservador, ni tampoco autoritario como en los tiempos del priato, la prensa mexicana había enfrentado de parte del poder público, sobre todo de un presidente de la República, una campaña hostil y de acoso, como ahora.

La reciente resolución de la ONU sobre la situación de la prensa y los periodistas en México, afirman que el gobierno mexicano, directamente el presidente López Obrador estigmatiza y utiliza un lenguaje violento contra los comunicadores, atizando el linchamiento y las amenazas contra quienes ejercen el periodismo.

Este mismo miércoles, el Presidente, a pregunta de Silvia Chocarro, periodista española, respondió que la prensa no es su enemiga, sino su adversaria. Y aseguró que él y si gobierno respeta la libertad de prensa y quienes trabajan en ella.

Es terrible y peligrosa la respuesta del Presidente, porque la prensa ni es enemiga del gobierno, ni es adversaria. En el contexto en que lo dice, incrementa las amenazas y el acoso a los que ya están expuestos los periodistas mexicanos que hoy, no solo están bajo las balas del crimen organizado, sino del discurso beligerante del régimen de la Cuarta Transformación.

La prensa no puede ser enemigo de un gobierno, porque su papel es informar, dar cuenta de los hechos que ocurren diariamente en el entorno, en el marco de las garantías constitucionales; menos es adversaria, y sí el Presidente lo ve así, incita a que otros actores públicos hagan lo mismo.

El gobierno de cualquier nivel, está expuesto al escrutino y la critica. Y la prensa no puede ser enjuiciada como «buena» o «mala» como lo ha hecho Lopez Obrador; tampoco puede ser aliada o chayotera como ha generalizado sobre los periodistas que dice sirvieron a los gobiernos neoliberales pasados.

El papel del gobierno, el término lo dice: es gobernar y ya. Asegurar, como lo dice, que la buena prensa impulsó y apoyó las transformaciones históricas del país, es falso, porque hasta en los tiempos de la Reforma de Juárez, el benemérito fue sometido a la crítica implacable, y aguantó callado. Jamás cuestionó su papel, como lo hace ahora el Presidente.

Este miércoles precisamente, llegó a México una Misión Internacional integrada por una veintena de organizaciones defensoras de los derechos de los periodistas para revisar la situación de la prensa en México, pues están alarmados por el linchamiento a la que están siendo sometidos los periodistas, y el hostigamiento del gobierno lopezoradorista contra estos.

La Coalición Internacional de Organizaciones de la Sociedad Civil para la Seguridad de los Periodistas, calificó de irresponsable el lenguaje que usa el Presidente contra la prensa, pues la pone en peligro e incita a que otros poderes y otros gobiernos los imiten.

«Preocupa el intento de camuflajear como derecho de réplica el agravio y la descalificación  en lugar de abonar a un debate abierto y plural», lamentó Emmanuel Colombié representante de Reporteros Sin Fronteras.

El Presidente, ni ningún gobernante deben ver a la prensa como enemiga o adversaria, y si lo consideran así, se convierten en automático, ellos sí en enemigos de la libre expresión y de la democracia, de la que la prensa es protagonista principal.

En el lenguaje coloquial, para el bien de este país y de su gobierno, el Presidente le debe ir bajando dos rayitas a su discurso belicoso contra la prensa.

Talachazos

«JR» Y LA FIERA HERIDA.-Como sabe que sus horas están contadas en la delegación de Progrmas Federales, José Ramon Gómez Leal, no quiere irse solo y por envidia quiere llevarse al equipo que no es de él,  por eso este miércoles, provocó la renuncia a Rosa Muela, coordinadora estatal de Becas para el Bienestar «Benito Juárez», quien por cierto acaba de ser reconocida por su trabajo en el reparto de becas. El reynosense que ya fue notificado de su baja por su mal trabajo, emprendió una revancha contra todo el equipo de la 4T en Tamaulipas. Anda, dicen, como una fiera herida, buscando ver, no quien la  haga, sino quien se la pague. Son síntomas de desesperación de un moribundo que está a punto dejar la ubre presupuestal.