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Columnas: La Talacha

¿Hasta dónde se estirará la liga?

/ 19 de mayo, 2020 / Francisco Cuéllar Cardona

“Nunca jamás, un jefe político de este país, que llegó al poder con tanto respaldo popular, había sido cuestionado tanto, y menos se le había exigido su renuncia apenas 16 meses después de haber tomado las riendas de la República”


Nunca, en la historia reciente, un Presidente de la República había estado tan confrontado y alejado de los gobernadores de los Estados como ahora. Menos, en medio de un problema tan delicado como la salud, que hoy es amenazada por un virus polémico que ha puesto en jaque al mundo y al país, y que está destrozado las economías.
Tampoco, un Presidente había tenido tantas diferencias políticas e ideológicas con los hombres del poder económico y con los actores políticos que han dominado y gobernado a la nación desde la postrevolución. Nunca jamás, un jefe político de este país, que llegó al poder con tanto respaldo popular, había sido cuestionado tanto, y menos se le había exigido su renuncia apenas 16 meses después de haber tomado las riendas de la República. Incluso, desde hace 180 años, se habló de una «balcanización» de México a través de iniciativas separatistas que se volvieron un tema de agenda de gobernadores y algunos dirigentes políticos.
Por eso, son muchos los que cuestionan ¿hasta dónde va a llegar esto?, ¿quién va a ganar esta batalla que no ve un final pronto, y menos un ganador o un perdedor?. 
Cuando Andrés Manuel Lopez Obrador enarboló la bandera del cambio verdadero en el 2018 y despertó la esperanza de los mexicanos que ya estaban hartos de gobiernos corruptos e inhumanos, nadie imaginó que dos años después este país viviría fracturas políticas tan profundas.
Su discurso de toma de posesión aquel 1 de diciembre del 2018, que encendió la llama de la esperanza de propios y extraños se sigue esperando a que sea una realidad:
«Gobernaré con entrega total a la causa pública, dedicaré todo mi tiempo, mi imaginación, mi esfuerzo a recoger los sentimientos y a cumplir con las demandas de la gente. Actuaré sin odios, no le haré mal a nadie, respetaré las libertades, apostaré siempre a la reconciliación y buscaré que entre todos y por el camino de la concordia, logremos la cuarta transformación de la vida pública de México». 
La reconciliación, no se ve, tampoco la concordia, y sí en cambio se perciben muchos odios y enconos. Si bien, se puede esperar el escepticismo de una oposición de derecha, que no congenía con el pensamiento lopezobradorista y su Cuarta Transformación, son muchos los que votaron y creyeron en él, que se están desilusionado con lo que ven y escuchan.
La cuerda cada vez se estira más y el riesgo de romperse. Nadie imagina que otros escenarios vamos a ver. Los gobernadores piden dinero, y el presidente les dice que no hay, y les exigen apretarse el cinturón y hacer efectiva la austeridad republicana que ha impuesto en su gobierno. Los empresarios piden auxilio y apoyos, y la respuesta es contundente «primero los pobres». 
El panorama en México es desalentador. Las voces más autorizadas en el mundo en materia de salud y economía, cuando hablan del país, pronostican muerte, hambre, desempleo y negros presagios; un escenario apocalíptico aterrador.
Frente a la pandemia del coronavirus, cada quien jala por su lado, cuando debería existir una estrategia y un mando rector, y en el asunto económico, la ruta, es el caos.
¿Qué hacer ante esto?, ¿quién llamará a la cordura?, ¿quien es el árbitro imparcial que medie en esta confrontación para no llevar al país al colapso?. 
La sociedad mexicana es un reflejo fiel de lo que sucede en el gobierno: está dividida; existen dos Méxicos, el del norte y el del sur. Algo se tiene que hacer, y pronto.