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Columnas: Polvo del Camino

AMLO, profeta en su tierra

/ 27 de mayo, 2020 / Max Ávila

Poco a poco la política va dejando de ser el gran negocio que lo fue, (cuando menos en los anteriores seis sexenios), para convertirse en un acto solidario y fraternal, es decir, profundamente humano y nacionalista.

Por supuesto a favor de las mayorías.

El gobierno federal se aleja de lo superfluo y en la austeridad, los funcionarios deben aceptar esta circunstancia, por medio de la cual descubren su vocación franciscana.

Es decir, estar más cerca de la pobreza, que de la obsesión por acumular riqueza personal.

Hacer más con lo mínimo, es la consigna que se cumple porque no hay de otra.

Y si a alguien no le gusta, estará en la libertad de buscarle por otro lado.
AMLO alertó desde el principio, que su régimen sería modesto y de alto compromiso social, teniendo como eje central el combate a la corrupción.

Todo empezó con la disminución de sueldos. Nadie deberá ganar más que el Presidente y sin embargo, en la estructura gubernamental aún sobreviven aquellos que entre los lujos que presumen, están salarios hasta de 600 mil pesos mensuales.

En este sentido, la ley actúa a su favor y en el caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pareciera que algunos de sus integrantes bien cobran el privilegio de distinguir el bien del mal, según el respectivo criterio que en ocasiones provoca dudas y hasta sospechas, de que la justicia no siempre se coloca en el lugar que le corresponde.

Sea que no es tan ciega, ni sorda, sino todo lo contrario.

Ahora mismo nos enteramos del amparo otorgado a empresas extranjeras productoras de energía eléctrica, contra el decreto que limita su actividad por ser contraria precisamente, al interés nacional.

Existen otros muchos casos donde los mexicas nos quedamos “con el ojo cuadrado”, como la reciente decisión de regresar a Javier Duarte cuarenta inmuebles, cuya adquisición para el veracruzano común, no está muy clara.

Ya sabéis que “el javidu” tiene varios años tras las rejas, justo por tomar lo que no era de su propiedad, o de traficar con el poder bajo el objetivo de lograr riqueza pronta y expedita, al puro estilo de la vieja política.

Que este ex gobernador puede ser utilizado contra políticos neoliberales “de alto octanaje”…a lo mejor, podría ser, quizá, tal vez…uno nunca sabe. Aunque por sus declaraciones lo conoceréis, y de sus labios saldrá la verdad que os hará libre…y pue-que hasta su ex Karen también “la brinque”, aunque se nos quede allá por las britanias, que por acá ninguna falta hace.

Volviendo a la austeridad republicana. Nadie duda que la resistencia persiste y que en otras instancias “no agarran la señal”, mejor dicho, no le dan la importancia que merece el cambio que llegó, que ya está aquí.

Normales las diferencias partidistas e ideológicas, que nada tienen que ver con la urgencia que enfrenta el país.

Ya no se trata de asuntos políticos, sino de sobrevivencia en el más amplio de los significados.

México ya no es el mismo y menos lo será, después de transcurrida la pandemia.

El próximo escenario estará muy alejado de la concepción tradicional de poder.

Y no es exagerado suponer que habrá necesidad de empezar de cero, aprovechando la difícil experiencia de situaciones inéditas en la dimensión del terror que vivimos.

Y a unos seis meses del primer aviso del coronavirus, todavía no sabemos hasta donde puede aguantar la humanidad.

Hay naciones donde juegan con la vida de los habitantes, incluso aquellas donde el desarrollo y avance tecnológico y científico no debiera permitirlo. En este sentido el ejemplo de los gringos es escalofriante.

Y es que para el presidente Trump tiene más sentido el comportamiento de la Bolsa de Valores que la estadística de los muertos, que al fin de cuentas, difuntos ya son.

¿Cuándo le dio importancia al virus?…que respondan las familias del millón y pico de infectados, o de los cien mil y tantos, que por la misma causa ya no están en este mundo.

Después del Covid-19 México no será el mismo, digo.

Para empezar despertará como un fantasma de algún panteón olvidado, con el desgaste emocional, producto del encierro y el miedo.

Y además, haciendo el recuento de sus muertos. En este aspecto las familias serán diferentes porque tampoco sabrán el destino de los desaparecidos. Y esto, en la psicología social significa pérdida de los orígenes…lo que identifica con la ascendencia, truncada violentamente de la descendencia a pervivir, por los métodos tradicionales.

Será como el retorno a la parte más sensible del espíritu, al entender que frente a la naturaleza la existencia es un suspiro. Y más por el efecto demoledor que llegó sin decir, “agua va”.

EL NUEVO SENTIMIENTO COLECTIVO

El papel del gobierno tendrá que ser acorde al sentimiento social que dará rumbo a la “nueva normalidad”, que poco o nada tendrá que ver con el pasado inmediato.

La moral de la sociedad que renace, estará regida por el recuerdo y la sangre de las víctimas de una pandemia que brotó del misterioso oriente, para incubarse en lo más íntimo de la inconsciencia dañada por el consumismo y la egolatría.

La 4T lleva ventaja sobre el antiguo modelo de convivencia.

Eso hará más fuerte al supremo gobierno y estará apto (creo que ya lo está), para responder a la nueva aurora, abandonando en el camino lo que dificulta la existencia.

Sea lo superfluo, lo que sobra y estorba para el viaje eterno.

La administración pública federal reduce al mínimo el costo de operatividad.

No se requiere un gran aparato burocrático para cumplir las expectativas sociales, e ir más allá, pisando el firme terreno de la realidad.

El daño que dejara el neoliberalismo está ubicado, solo falta aplicar voluntad política y honorabilidad a toda prueba. Y sobre todo, resistir la presión de los grupos de interés arrojados del paraíso de corrupción y privilegios donde habitaron, por lo menos seis décadas.

La fórmula es fácil. Solo aplicar la ley con tal transparencia, que no permita impunidad. Es el temor de los conservadores y empresarios y políticos neo porfiristas. Quizá empiezan a darse cuenta que presente y futuro pertenece a las mayorías.

Y es que sus críticas y ataques ya no tienen los efectos primeros. Ni siquiera es material creíble en los medios de comunicación, tampoco en la palabra de “analistas” que al escribir por encargo perdieron su honorabilidad que ilusos, pretenden defender cuando todo mundo conoce su inmoralidad.

El asunto es que el gobierno de la 4T es parte de la nueva normalidad porque nació del sentimiento mayoritario, nada más por eso.

Y ni modo que sea invento.

SUCEDE QUE

El PRI en la entidad, está dejando ir la oportunidad de abanderar causas sociales, sea lo que le dio fortaleza en el pasado convirtiéndolo en organización hegemónica por décadas.

Claro que su actual debilidad fue motivada por razones que no vienen al caso, pero nunca es tarde para recomenzar.

Eso de ceder el edificio estatal para convertirlo en hospital temporal, es una vacilada que hasta a la militancia causa risa.

El tricolor debe ir a lo suyo y no estar atenido a los milagros, ni a las sonrisas de fingida aceptación.

Existen otras opciones que por ahí andan sueltas y que también debiera aprovechar, ahora que si se trata de dignidad parlamentaria, “pos” también hay que entrarle.

Pero, ultimadamente, qué le importa al columnista

Y hasta la próxima.