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Columnas: Pasado y Presente

El histórico discurso de Carranza en Matamoros

/ 31 de mayo, 2020 / Pedro Alonso Pérez

El 29 de noviembre de 1915 Venustiano Carranza llegó a la ciudad de Matamoros, Tamaulipas. El Primer Jefe del constitucionalismo realizaba un recorrido por la frontera tamaulipeca consolidando su gobierno preconstitucional. Tan importante acción política solo fue posible tras las victorias militares del Ejército Constitucionalista sobre los ejércitos de la Convención en las batallas del Bajío. Antes, el 23 de noviembre, el Primer Jefe había estado en Nuevo Laredo celebrando un encuentro a mitad del puente internacional con Mr. James Ferguson, gobernador de Texas. Después fue a Reynosa, de paso rumbo a Matamoros.

Al llegar a la ciudad fronteriza del extremo noreste, Carranza fue objeto de cálida bienvenida por autoridades y población matamorenses. Y pronunció entonces, desde uno de los balcones de la Aduana, palabras memorables que vale la pena recuperar.

“La dictadura, como todas la tiranías, bajo una apariencia de progreso solo ha corrompido el alma nacional”, dijo el caudillo y continuó fogoso: “La Revolución Mexicana servirá de ejemplo a los pueblos de América Hispana, pidiendo a todos su cooperación y ayuda para la reconstrucción de la Patria”.

Tal posicionamiento merecía especial atención, porque en Texas el impacto del proceso revolucionario mexicano era muy alto, desde dos años atrás, cuando Lucio Blanco ejecutara el reparto agrario de “Los Borregos”; además, el sur texano estaba convulsionado en ese tiempo por levantamientos armados de mexicanos y norteamericanos de origen mexicano que se rebelaban contra los maltratos sufridos a manos de “rangers”, jueces venales y rancheros explotadores.

El “Plan de San Diego” rondaba entonces algunos condados texanos como amenaza de revolución social, y los vínculos de esta rebelión plebeya con el magonismo, eran más que evidentes, según lo muestra James Anthony Sandos en Rebelión en la frontera. Anarquismo y Plan de San Diego (1904-1923). Estos acontecimientos tensaban aún más las relaciones fronterizas entre México y su vecino del norte.

Resultaba obligado en aquella gira el tema de política internacional, no solo por lo que ocurría allende el río Bravo, también por el marco de la Gran Guerra europea, que en 1915 estaba en sangriento curso y en la cual, pronto habrían de intervenir los Estados Unidos de América (EUA). Carranza aprovechó el banquete que se le ofreció ese mediodía, para externar un discurso que sería trascendente:

“Los derechos de los diversos Estados, sean grandes o pequeños, débiles o poderosos; son iguales pues esa diferencia de Poder, no engendra diferencia de derechos”. El Primer Jefe y “Encargado del Poder Ejecutivo” estaba sentando bases que normarían las relaciones internacionales de su gobierno y de la Revolución mexicana. Continuó directo y claro su mensaje, diciendo:

Ningún país debe pretender para sus nacionales, una situación mejor que la de los ciudadanos del país donde se establecen, ni hacer de su calidad de extranjeros un título de privilegio e inmunidad.

La lucha nuestra será el comienzo de un hecho universal, que dé paso a una era de justicia, en la que se establezca el principio del respeto, que todos los pueblos grandes deben tener por los pueblos débiles. Deben ir acabando poco a poco todos los exclusivismos y todos los privilegios.

El individuo que va de una nación a otra, debe sujetarse en ella a las consecuencias y no debe aspirar a tener más garantías ni mejores derechos, que los que tienen los nacionales.

Discurso claro, oportuno y pronunciado en el espacio adecuado: la frontera internacional con el país que resultaría el más poderoso de la tierra al terminar la primera guerra mundial en 1918; país con quién México tenía, desde entonces, una relación difícil, compleja y asimétrica.

Aquellas palabras de Venustiano Carranza en Matamoros, Tamaulipas, constituyen el origen de lo que luego se llamó “Doctrina Carranza”: el respeto al derecho ajeno y a la soberanía nacional, la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.

Principios que durante largo tiempo fueron base de la política exterior mexicana y norma inalterable de las relaciones de México con el mundo. Hasta que llegaron los neoliberales al gobierno, desmantelando discurso y práctica de las doctrinas “Carranza” y “Estrada” en los tiempos del “Consenso de Washington”.

Por eso, reviste especial importancia el homenaje de Estado rendido a Carranza por el gobierno de la República, el pasado 21 de mayo, con motivo del centenario de su magnicidio. Venustiano Carranza Garza no fue adalid de la revolución social, ni como figura histórica ocupa lugar similar al de Zapata o Villa en el imaginario popular.

Pero no hay duda, fue “arquitecto de las instituciones y el orden jurídico sobre los cuales se construyó el Estado mexicano del siglo XX.” Según dijo el Dr. Felipe Ávila en el discurso oficial de dicho aniversario luctuoso.