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Columnas: En Boca de Todos

Quítenles el celular y el micrófono

/ 05 de junio, 2020

“Esta semana, dos ejemplos nacionales nos demostraron lo que no se debe hacer cuando se tiene un teléfono a la mano y cero sensibilidad para entender el mundo que nos rodea”

Los días de encierro, que de pronto nos parecen infinitos, ya causan estragos en todos lados, sobre todo en el espacio virtual que hemos elegido para mantener la socialización. Y en este terreno movedizo de las redes sociales, más de uno ha resbalado intentando hacer comedia, a costa de la tragedia humana.

Esta semana, dos ejemplos nacionales nos demostraron lo que no se debe hacer cuando se tiene un teléfono a la mano y cero sensibilidad para entender el mundo que nos rodea. México ha tenido días difíciles, aumento en muertes y contagios por el Covid19; incremento de violencia hacia la mujer y una acentuación de la política sin empatía social, y en medio de todo esto, saltan a la fama personalidades “influencers”, con muy alta estima propia, que rayan en la frivolidad.

Otra vez la actriz Bárbara de Regil se “voló” la barda en sus comentarios para pedirles a las mujeres víctimas de violencia que aguanten, respiren hondo, cuenten hasta diez, platiquen con su agresor y clamen por su tranquilidad; la expresión que resulta ingenua, ofendió a las feministas, que en la cancha real, de todo terreno, en este México violento, defienden los derechos humanos de las mujeres; entonces fue la escritora Lydia Cacho que salió a callar las voces de la frivolidad, justo ahí, en la red, que es donde sigue la lucha feminista ahora que han cerrado las calles por el confinamiento.

“La ignorancia debe tener límites” posteó en twitter la periodista al sugerirle a “Bárbara, alimenta el cerebro también, el cuerpo no lo es todo”.

El penoso incidente nos debe llamar a la cordura, en estos tiempos de mucha vulnerabilidad humana, de incertidumbre y hastío en que no estamos para las malas bromas.

Como tampoco cayó bien el comentario acosador de la actriz Susana Zabaleta hacia el galeno que todos los días nos informa el estado de salud de la nación, “Estimado, Dr. Gatell usted tiene toda mi atención y estimula mis funcionales mentales superiores” le expresa con música de fondo y candentes movimientos que provocaron que muchos internautas se sintieran agredidos, y señalarán que si los géneros fueran invertidos, todas las feministas estarían reclamando por la osada declaración tan sensual y acosadora. No, el horno no está para más bollos calientes.

Y en estos dichos menos pensados, el presidente López Obrador se sintió en ambiente en sus giras y volvió a demostrarnos su colmado optimismo, con algo de responsabilidad nos recuerda las medidas de higiene, de distanciamiento social y cuidado de la salud pública, pero también con alta irresponsabilidad se resbaló, al sugerir que él no se enfermará porque está en paz con su conciencia, así que si no miente y no traición, no le dará el coronavirus. Esta inmune.

Entonces, ¿Que sentirán los más de cien mil mexicanos que han tenido la mala fortuna de caer enfermos y las familias de las cerca de doce mil personas que han muerto a consecuencia de la pandemia?

El virus de la frivolidad, metido hasta el tuétano en muchos sectores sociales, políticos o de la farándula, será muy difícil de erradicar, sino aprendemos nada de esta pandemia, que es la prueba más dura para la humanidad de este tiempo.