Opinión

El informe y la advertencia

Uno de los objetivos de Andrés Manuel López Obrador es que el primero de julio, día en que ganó en las urnas la presidencia de la república, se convierta en una fecha histórica.
Hace un año, celebró el primer aniversario de su triunfo electoral en el Zócalo con miles de simpatizantes de su proyecto de nación.
Ahora eso no fue posible por culpa de la pandemia que tiene en ‘shock’ al planeta entero. El informe se realizó en uno de los salones del Palacio Nacional, con los integrantes de su gabinete y, por supuesto, televisado por los canales del sistema público y por las televisoras privadas que aceptaron transmitir la señal.
Fue un informe como muchos, pero al estilo del lopezobradorismo: destacó los logros de la Cuarta Transformación en sus primeros 19 meses de gobierno y, claro, minimizó o evadió los múltiples problemas que el país afronta en la actualidad.
Sin embargo, Andrés Manuel López Obrador utilizó su discurso para enviar un mensaje político con énfasis especial, singular por sonar a advertencia: se va a convertir en un vigilante del proceso electoral del próximo año a fin de evitar un ‘fraude’.
Textual, el presidente de la república expresó: ‘Yo me voy a constituir en un guardián de esa prerrogativa popular (el sufragio efectivo) y consideraré que mi principal deber es facilitar la libre manifestación de la voluntad popular’.
Recalcó: ‘Voy a ser el principal defensor y amigo de las libertades del pueblo’.
En automático, se interpretó que ese era el mensaje central del informe expresado desde Palacio Nacional: AMLO, además de ejercer funciones de presidente (para lo cual fue electo), será un guardián de las elecciones que se realicen en el país. ¿Qué tal?
Con una frase, explicó y justificó el motivo que lo conduce a vigilar los procesos electorales: ‘Todavía nos falta erradicar por completo el fraude electoral y convertir el apego a los principios democráticos en cimiento de nuestra cultura cívica’.
Si bien López Obrador ya había comentado su intención de vigilar la elección 2021 durante una conferencia ‘Mañanera’, el discurso de ayer deja en claro que el presidente va muy en serio con el tema y que se autoerigirá en una especie de ‘autoridad electoral’.
Por supuesto, esto no va a gustar en nada ni al Instituto Nacional Electoral (INE), ni a los institutos electorales de los estados. Tampoco le agradará a la oposición (que algo, desde el plano jurídico, debe hacer).
Ante las críticas recibidas por erigirse en un ‘guardián de la democracia’, el presidente dijo en su informe: ‘Se olvidan que la democracia implica, en primer lugar, el respeto al mandato del pueblo, un mandato que en el pasado reciente fue atropellado por las prácticas del fraude impulsadas desde la cúspide de los poderes político y económico y solapadas por las autoridades electorales’.
Es evidente: AMLO no olvida el presunto fraude electoral del 2 de julio de 2006, cuando el entonces panista Felipe Calderón lo venció con apenas una diferencia de 0.56 por ciento de la votación. Catorce años después, lo tiene muy presente en su memoria.
Esa es una de las razones que lo impulsan a ‘autoerigirse’ en ‘guardián’ del proceso electoral del próximo año, cuando se disputen 15 gubernaturas (casi la mitad del país), 300 diputaciones federales de mayoría relativa (más las 200 de representación proporcional) para renovar el Congreso de San Lázaro, sin olvidar los 30 congresos estatales y las casi 2 mil presidencias municipales.
El gran problema que se va a presentar es cuando desde Palacio Nacional se exprese que en tal o cual elección estatal o distrital se cometió un fraude.
Nadie cree que el presidente de la república va a señalar a un gobernador o un candidato de Morena por cometer irregularidades durante las campañas o un fraude en la jornada electoral. Lo más seguro es que ‘denuncie’ fraude en una entidad gobernada por la oposición. Ahí es donde surgirá el conflicto político y de interés.
Ese es el nombre del juego: Quien llega al poder, trata de mantenerlo a toda costa. No quiere ceder espacios. No importan las fachadas democráticas. Instrumentos hay muchos para mantener el control político. El objetivo es imponer condiciones y, por supuesto, ganar, derrotar al adversario.
Algunos lo hacen desde las sombras del presupuesto, desde la cúspide en la que se entrelazan el poder político y el poder económico. Otros, con tintes populistas, lo claman desde el pódium y lanzan la advertencia de que jugarán rudo.
Ese será el juego que practique Andrés Manuel López Obrador en la elección de 2021. Quiere ganar la mayor cantidad de espacios posibles: gubernaturas, diputaciones federales y locales, alcaldías. Lo quiere a toda costa para sacar a flote su proyecto de nación. ¿Lo conseguirá?

Y PARA CERRAR…
Por cierto, hablando de autoridades electorales, el INE trae una investigación sobre el reparto de ‘propaganda personalizada’. Entre los investigados se encuentran dos morenistas tamaulipecos. Uno es senador y el otro es un diputado federal, oriundo de Ciudad Madero.