Opinión

SOLAS

Quienes limpian nuestra casa y cuidan a nuestra familia corren un alto riesgo en esta crisis sanitaria y económica, y sólo tienen de dos sopas, o dejan de salir a trabajar por un sueldo precario o salen arriesgándose al contagio.

Pero tienen derecho a quedarse en casa y mantenerse a salvo, nos recuerda Yalitizia Aparicio, embajadora de buena voluntad de la ONU en un mensaje que busca crear conciencia sobre los derechos humanos de las trabajadoras domésticas.

La “Cleo” que nos conmovió en Roma con una historia muy similar a la de muchas, con cargas físicas y emocionales extenuantes, dejando su vida de lado por la de los demás, es un fiel retrato de aquella y esta época en las familias mexicanas, de la clase media y alta y un sector laboral marcado por la desigualdad, sin protecciones legales ni respeto a los derechos humanos, y nos convoca, desde el empoderamiento alcanzado por su participación en cine, a la conciencia colectiva para atender un tema social que se ha escondido en las
costumbres domésticas.

En esta pandemia, la Organización Internacional del Trabajo, ONU Mujeres y la Comisión Económica para América Latina documentan que más de 18 millones de personas están en el sector de los trabajadores del hogar, que el 93 por ciento de estas son mujeres y para las mujeres esta actividad constituye hasta el 14 por ciento del empleo dedicado a su género.

El estudio que Yalitzia refiere en su mensaje, señala que hasta el mes de junio, el 70 por ciento de las mujeres que ayudan en casa habían sido afectadas por las restricciones sanitarias. Muchas dejaron de ir a trabajar y perdieron su salario.

Muchas trabajan en la informalidad y con sueldos injustos. Y esta semana, se anunció con bombo y platillo que “en un hecho histórico, el Gobierno de México, representado por Luisa María Alcalde Luján, secretaria del Trabajo, hizo el depósito de manera virtual a la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) de la ratificación del convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, el cual busca asegurar progresivamente la promoción y la protección efectivas de sus derechos humanos, laborales y su seguridad personal”.

Se reconoce que hay 2.4 millones de trabajadores domésticos, de los cuales 9 de cada 10 son mujeres, que desempeñan su labor en precariedad, 95 por ciento sin servicios de salud, 80 por ciento sin prestaciones laborales, 46 por ciento sin aguinaldo ni horario fijo, con bajos sueldos y expuestas a violencia sexual.

Con este anunció México atienden el protocolo público, sin embargo en la realidad falta mucho trabajo legislativo y social para garantizar el respeto al trabajo doméstico, la administración actual avanza lento y aboga más a la compasión familiar que a la política pública que decrete el cumplimiento de una ley que dignifique esta labor.

La mexicana nominada al Oscar pide garantizar los derechos de las trabajadoras domésticas, que tengan acceso real a la protección social, que se les incluye en la legislación, que se les procure para no empobrecerlos más, para “forjarnos un mundo mejor”.

“Estamos solas. No importa lo que te digan, siempre estamos solas” le dice su patrona, Sofía a Cleo, en un acercamiento entre dos mujeres, con distintas vidas, bajo el mismo techo, en la colonia Roma.