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Columnas: CRÓNICAS DE LA CALLE

La crónica: una mirada al asombro

/ 11 de julio, 2020 / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

La Crónica es palabra contada con el aire que pasa. Es la narrativa de los hechos sucesivos, que sin embargo detiene el curso de los hechos para mostrarlo.

La crónica es la chispa continua del reloj infalible. Un segundo lleno hasta el cansancio de hechos. La palabra representa su vida por primera vez en su vida.

Crónica es poema inevitable, porque de todas partes le viene la poesía. En un pueblo donde todo es poesía la palabra escribe versos en el aire. La crónica atrapa el vaivén, el sublime germinar de las horas en otras.

Cada Crónica adquiere la forma que la contiene en un botella. Cada quien cuenta su historia de una mirada de asombro. En un puesto de la esquina el viejito que vende dulces escribe la crónica de los semáforos y las veces que se han descompuesto con sus días inciertos abajo de la sombra sin árboles, sin techos por si el agua. Bebería en una fuente si no lloviera.

Una vez visto una parte del suceso forma parte del olvido, y la otra forma parte de otro suceso más grande. Algo que todos recuerden. No la botella que estuvo tirada como Dios en el patio, sino a quién golpearon con ella en la cabeza

Crónica es llanto  en una copa que la evapora. Aroma de nostalgia, palabra que vista en este instante es ruido, la calle para ver de lejos, una persona que se acerca corriendo.

El origen de la crónica es la poesía épica. En la época en que se leían en voz alta las noticias del día. Crónica era también lo que escuchaba el guardia del imperio que la decía y el subordinado que la escuchaba atento sin verlo. Y luego la silbaba sin letra, camino a casa.

El día estridente hace su Crónica de 24 horas. Sale el sol y hay canciones que dicen cómo es que salen. El asombro es lirio amarillo y una rosa roja cerca de una reja. El azul una razón para escribir que había cielo y que estaban ahí todos los que quisieran.

Es por la crónica que la palabra hace que sea posible el aroma de las ciudades olvidadas. Nadie sabría qué sabían antes del trigo y de las flautas de harina. Ayer fue mañana y hoy es todo junto. Un mismo sonido, luego un silencio imperceptible e inexistente.

La Crónica puede ser un momento que nunca existió y por ello existe. Un objeto que nadie ha visto, puede expresar una frase incongruente, puede objetar la razón más inobjetable. La canción es lo que sienten los cinco sentidos. Lo inexistente es también un momento histórico. Un tumulto de ausencias y mentiras anónimas.

Sin falsas pretensiones la crónica es una conversación metafórica. Aparte adjetivista, emotiva, ingenua y principiante, la crónica más fresca es la que se hace cuando se empieza, como que sabe de aquellos que son capaces de asombrarse..

La crónica encuentra un momento único en la confianza de la libélula sobre la piedra que pudiera ser un sapo. Es la piedra y es el sapo. La Crónica es el vuelo. El paso por donde, de no ser por una crónica, la piedra nunca hubiera pasado.

Quien escucha una crónica cifra, va contando las veces que se dijo casa, comida, ropa y el color de la camisa. Sabe del coche, la tarde aquella ya muy tarde y el frío que alguien escribió que hacía.

HASTA PRONTO.