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Columnas: La Talacha

CANDIDATOS PELIGROSOS

/ 13 de julio, 2020 / Francisco Cuellar Cardona

Ahora que está por iniciar un proceso más para elegir gobiernos municipales, estatales y diputados locales y federales, la ciudadanía está obligada a conocer de cerca a todos los candidatos para evitar equivocaciones y arrepentimientos futuros. Porque suele suceder que tras la elección y estar sentados en la silla del poder o en su curul, los elegidos resultan ser unos verdaderos fraudes, y ya sentados, hay que soportarlos tres o seis años, pues no hay manara de echarlos.
Mucho se ha escrito sobre los candidatos demagogos, que mienten con una facilidad y la gente les cree. Son vendedores de discursos que hablan del cambio, de ser diferentes a los que están en el poder o contra los que luchan; algunos los llaman populistas, pero muchas veces no llegan ni a eso; son sencillamente trepadores y manipuladores. Por eso que es urgente identificarlos desde ahora, porque ya andan en circulación y se alistan para presentarse en los próximos meses como los o las mejores para representar al «pueblo» al cual juran y aseguran encarnar y representar.

Es fácil identificar a los candidatos demagogos y mentirosos, por tanto hay que abrir bien los ojos desde ahora para ubicarlos y descubrirlos, y evitar que en los próximos meses lleguen a tocar la puerta de la casa a pedir el voto. En el libro «Cómo mueren las democracias» de los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, se hace un retrato de los farsantes de la política que llegan al poder mediante discursos huecos y mentirosos, y su lectura es obligada en estos tiempos para entender como estos especímenes le están haciendo daño a las democracias en el mundo.
Los candidatos peligrosos son aquellos que se dicen representar los intereses de la gente, que presumen venir y nutrirse de ella; critican todo lo establecido; al adversario lo descalifican y se vende como los promotores del cambio: «yo pavimentaré todas las calles», «yo no cobraré impuestos», «yo no soy corrupto como los demás», «yo gobernaré con puertas abiertas», «yo rendiré cuentas», «yo haré todo lo que los demás han hecho», «yo no robaré», «mi salario lo regalaré a la gente pobre», «me rebajaré el sueldo», «los medios de comunicación mienten, son corruptos y cómplices de los que han gobernado», «los partidos políticos son parásitos que viven del presupuesto». Palabras y palabrerías que salen de sus bocas y que muchos votantes las compran, así es el discurso de los candidato peligrosos. Sus discursos estás teñidos de adjetivos de esperanza para sus seguidores y desdesprecio para sus adversarios. Sus palabras son huecas, pero que seducen y llevan a la estafa. Para ellos no existe la ética.
Faltan pocos meses para verlos correr por las calles y transitar impunemente en las redes sociales, de ahí la importancia de tener los ojos y los oídos muy abiertos para descubrirlos y evitar que nos sorprendan. Hoy más que nunca se necesitan buenos gobernantes, pero para tenerlos hay que frenar a estos demagógicos y farsantes que ya se disponen a atacar a la ciudadanía que casi siempre se ve sorprendida por ellos, y luego los padecen en los gobiernos.