6 junio, 2026

6 junio, 2026

EL AMOR ES UNA LECHUGA

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA
Facebook
X
WhatsApp

Usted lo sabe, llega el hombre a su casa si ese que se ufana y anda muy chicho por la calle, haciendola de tos en los microbuses, buscando quién se la pague, hallando venganza y descubre, ya frente a su morra, viéndose las caras, que su realidad triste es otra, sino es que el propio espejo del micro o en una ventana el cristal con que se mira le da en la cara y se vierte en ir a comprar las tortillas, sacar a pasear el perro lagañoso y faldero, limpiarle las heces, en virtud de que ella, su linda y hermosa criatura, dícese su esposa anda muy ocupada con una vecina y ya se lo haya.
Antes de eso ya se dio un tiro al quedar solo con su encantadora mujer. Se quita la corbata y queda solo con ella que lo mira a la vez con la desconfianza de siempre, lista para sacar su arma debajo de la cama, el machete en lo que se convierte su chancla y se antoja un combate cuerpo a puerpo en medio de la sala.
Creo que ahí en ese momento de soledad, frente a frente uno contra el otro, rencor con rencor, prestigo contra precipicio, nalga con alga, ambos se hacen de todo y no se hacen nada. Luego de ta tempestad viene la calma, sin considerar las inconfesables veces en que es al revés y el sujeto inofensivo termina afuera de la casa yendo a quejarse con la suegra que le aclara, que le dice: quédatela así la quisiste, te dije que no habría devoluciones.
Y así ya ve usted que a la luz de la tea no hay mujer fea.
Otras veces el vato se cree el rey del asfalto, de botas picudas, cinto piteado y camisa vaquera, abiertas las patas, lleva a la mujer arrastras y dice que él es el que manda. Eso será mientras llegan a la casa donde al simple mortal se la acaba el 20 y tiene que hacer lo que se le manda bajo el riesgo de la próxima vez descubrirle todas sus mañas, sus orígenes y sus ridiculez, cosas en las cuales es imposible que Dios mienta y menos ellas aunque sean puros chismes pornográficos del barrio que según él lo explicará más tarde en la cantina, único lugar donde se siente seguro y hasta habla.
Matrimonio o amasiato, que así puede estar un buen rato a odiandose a muerte hasta que uno de los dos recupera la razón y se miran de soslayo y se les acaba el rencor una vez que les brota la soledad que no es otra más que la telenovela que les encanta, ya se dijeron de todo de todos modos y terminan abrazados los dos como un carro que chocó bien garra con otro en la madrugada.
Pero es que también hay muchos casos y usted no me dejará mentir en que la culpa es de la vieja. Hay muchos suicidios por culpa de ellas. De veras nadie creería que ese sexo débil hace las noches de terror cuando les da su gana, simplemente no te hablan y con eso tiene uno para que te aflijas “que tienes Eduviges, por qué no me hablas”, sabiendo de antemano, llegando al caso a pensar que si de veras se quedara muda tal vez no fuese tan grave. No sean así chavos.
Sales de casa Y cuando vuelves encuentras objetos que ya no son de nadie: un reloj patito en el buró todavía con la alarma puesta en la madrugada, dos llaves que no abre ninguna puerta de esa casa, un par de mancuernillas cuando en casa nadie usa manga larga, un rollo de papel de distinta marca y una lata de cheve helada y a medias aguas, cuando lo que tragas es pura caguama. ¿ Y qué cosas son esas?, digo, por eso ellas son responsables de que muchos irresponsables se tiran al vicio, se arrojen al paso de un tráiler, se cuelguen de los mezquites, se cerruchen las venas con una lechuga y se vayan a vivir en la esquina de un bar.
Las agencias especializadas en esta clase de delitos no hayan la hora en que atienden una denuncia contra un sujeto que golpea a su esposa pero se llenan de terror al escuchar la triste historia…la de él.
HASTA PRONTO.

POR RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

DESTACADAS