Los primeros tres días de esta semana sirvieron para dejar algo en claro: el proceso de selección de Morena no será un día de campo, ni mucho menos.
Más allá de quién termine por ser el elegido por las encuestas, o incluso si -como todos presumen- la designación viene desde Palacio Nacional, la operación partidista para encaminar a los diferentes grupos políticos será harto complicada.
Solo los morenistas sabrán si Mario Delgado tiene la capacidad para cerrar las heridas que haya que curar, y ponerlos a todos a trabajar en favor del candidato, pero la duda es bastante razonable.
Tras el informe del senador Américo Villarreal se desataron los demonios al interior de Morena, y reaparecieron sus históricos fantasmas de división y tribalismo.
El informe de Maki Ortiz, un día después, fue un claro ejemplo.
Fiel a su estilo, la alcaldesa de Reynosa, que se autodestapó flanqueada por el dirigente nacional del partido, no se guardó críticas para los demás aspirantes, y entre líneas, presumió la creación de un bloque de alcaldes fronterizos que harán pesar el capital político de cada uno de sus municipios.
El mensaje es claro: los ediles de Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo quieren ser tomados en cuenta a la hora de las decisiones, y más allá de las opiniones que puedan generar en el resto del estado, es irrefutable que la familia Peña Ortiz, los Canturosas y Mario López, pueden presumir de poseer el control político de sus feudos.
Y ninguno de ellos, ahora queda claro, dejará el camino pavimentado al senador Américo, a Rodolfo González Valderrama, o a cualquiera de los aspirantes que por el momento aparecen en los primeros sitios de las encuestas. Al menos no a cambio de nada.
“En todos los partidos hay fuego amigo y luchas internas con roces; en Morena lo sabemos, pero hay algo más importante: todos sabemos que los adversarios están afuera y para enfrentarlos hay que luchar unidos desde adentro”, me dijo el Américo Villarreal unos días antes de su informe.
Sabía él y sabíamos todos, que tarde o temprano iban a arreciar los ataques y que los primeros obuses vendrían desde la propia trinchera morenista.
Apenas había concluido el informe y ya habían empezado a circular en redes sociales golpes mediáticos que, a decir verdad, tampoco prosperaron demasiado.
Dos conclusiones se pueden desprender de este fenómeno inevitable: Américo es en este momento el rival a vencer (así lo dictan las encuestas) y como es natural, la guerra de lodo proviene de aspirantes que se encuentran por debajo (para más señas, diríjase la mirada a la esquina más al noreste de Tamaulipas).
De cualquier manera, cometerían un error Américo, Rodolfo o cualquiera de los aspirantes más destacados, si menosprecian las posibilidades que puedan alcanzar los alcaldes, si no para obtener la candidatura, al menos sí para fastidiar el proyecto de cualquier otro.
POR MIGUEL DOMÍNGUEZ FLORES




