2 abril, 2025

2 abril, 2025

Lo negaríamos todo como Sabina

CRÓNICAS DE LA CALLE / RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

Creció en la orilla del asfalto, ahí encontró una tiza con la que dibujaba su mundo queriendo encontrar un arcoiris. Sin señal, sin un anuncio de lo que iba a hacer de su vida, deseaba ver por la ventana y no alcanzaba. Éramos iguales que con el tiempo cogimos distinto camino, tomamos distancia sin volver a encontrarnos 

Pregunte usted a una inteligencia artificial de las que están de moda y le dirán que somos una simulación… No lo somos como tal, he ido de cuadra en cuadra entre los semejantes y de esquina a esquina, en cada cruce me fijo que no venga carro, podría atropellarme con su realidad contundente. 

El homo sapiens imagina, piensa, fantasea con una realidad alterna y la altera. Somos nosotros y el paso de los años. El tiempo no se detiene para volver a vernos como fuimos hace cien años y desde ahí escribimos la historia apócrifa.

Cada uno lleva su casa en el coche o en una bolsa, lleva lo que le identifica con un nombre y una manzana, lleva una fotografía vieja para no olvidar cómo era apenas unos días antes de que el tiempo pasara.

Cada quien con su paradigma al hombro, su espejo reciclado, su maquillaje, con el trauma de la infancia, sus lecturas, con su secreto, con su personal ignorancia, con su presencia de fantasma, con sus ganas, con sus fetiches y sus mentiras viajando en este gran crucero por la vida.

Hay personas que vimos una vez y jamás las hemos vuelto a ver. Personas que han estado con nosotros la mayor parte de nuestras vidas. Hay personas por miles que jamás hemos visto ni ellos a nosotros.

Y somos señoras y señores, damas y caballeros, respetable público, audiencia en el auditorio, alumnos y maestros, enfermos, locos y cuerdos, ruido y  silencio, certeza y dilema, feligreses y párrocos, la recta y el garabato, el sueño y la alerta, el plano y el precipicio, el triunfo y la derrota, la nota y el noticiero, escritores y lectores, la dictadura y la democracia, somos la pintura y los espectadores, el desierto y el bosque, la luz y la sombra; todo en una caja de galletas de animalitos. 

La revelación se nos ha dado en un libro y hemos creído y crecido con eso. Leemos la historia y el presente nos llueve en Ia cara. La realidad otra vez saca el sol de la nada y comenzamos a producir nuestra existencia. No nos pregunten de la vida pues lo negaríamos todo como Joaquín Sabina. 

Salimos e intentamos acceder a la mejor versión, a los mejores momentos, tratando de olvidar las derrotas, las faltas, las amonestaciones del árbitro, los autogoles cometidos y la chiflería del respetable público. Y queremos ser famosos para firmar autógrafos a un grupo de apasionados fans que hacen fila al terminar un partido imaginado mientras estamos sentados en un parque solitario.

De cuando en cuando la ambición nos gana y vamos más de prisa, tal vez no tanto, la vida y la circunstancia es muy relativa. Creemos una cosa y es otra, decimos que todo está al revés y somos nosotros. Creamos un espacio y lo cobramos, hacemos un boleto, imprimimos una visa, prohibimos un objeto y un asunto, remodelamos la oficina y seguimos siendo los mismos chancletas que se levantaron con el pie izquierdo, los mismos que con una tiza dibujamos el mundo que no fuimos. 

Nos vemos a los ojos, quizás nos acerquemos el uno al otro y alguien, uno de los dos, dice la primera palabra. Luego un silencio suele llevar a un abrazo, a otra palabra, a un beso y por qué no a un trancazo. Nadie tiene la vida comprada y ocurre lo imprevisto, nadie sigue el guión de otro aunque se intenta. Ocupamos un actor dramático y nos sale mejor la comedia, todos rien y nadie llora. Cualquier asunto se vuelve viral cuando la persona no lo desea. 

Cada cual busca una rosa como dice el poeta, y ojalá nunca la encuentre porque sino habrá perdido el deseo de buscarla y se acabará el camino. 

HASTA PRONTO 

POR RIGOBERTO HERNÁNDEZ GUEVARA

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