El reciente traslado a Estados Unidos, de 29 reos de alta peligrosidad que permanecían en cárceles federales, marca un punto de quiebre en la política de seguridad de México.
No es un hecho menor ni aislado, sino más bien, una señal inequívoca de que la presidenta Claudia Sheinbaum busca diferenciarse de su antecesor, el compañero Andrés Manuel, en un tema que dejó en el abandono: el combate a los delincuentes.
Durante el sexenio de López Obrador, su política de “abrazos, no balazos” fue poco más que una frase sin sustento que en la práctica se tradujo en permisividad e impunidad, en perjuicio de la sociedad mexicana.
En esos seis años, no hubo un solo narcotraficante de alto perfil extraditado a Estados Unidos. Ni uno solo, pero en cambio creció desmesuradamente su poder y control del territorio.
Mientras los grupos criminales expandieron su poder, diversificaron sus negocios ilícitos y consolidaron su presencia en vastas regiones del país, el Presidente López Obrador distraía a la sociedad con ocurrencias y acusaciones al pasado.
La estrategia de no combatir al crimen organizado no solo fracasó, sino que profundizó la crisis de violencia en México. Eso lo reconocen ahora las autoridades federales, con el repentino traslado masivo de delincuentes a Estados Unidos.
Con Sheinbaum, el mensaje cambia y marca una diferencia notable, plausible y que merece todo el reconocimiento, respecto a lo que hizo -mejor dicho, dejó de hacer – López Obrador.
El traslado de estos reos, varios de ellos con solicitudes de extradición pendientes desde hace años, es un primer gesto de buena voluntad hacia la administración de Donald Trump, el Presidente de Estados Unidos.
Trump ha presionado con mayor intensidad para que nuestro país actúe contra los grupos criminales que inundan de fentanilo y otras drogas las calles estadounidenses y la reacción más clara del gobierno mexicano es la de la semana pasada.
La omisión del compañero Andrés Manuel en el combate al crimen organizado, tuvo consecuencias desastrosas para México, que hoy le generan una grave crisis a la Presidenta Sheinbaum.
En su afán de no confrontar a los grupos criminales, Andrés Manuel permitió que estos se fortalecieran. Los propios números oficiales lo confirman con crudeza.
La violencia no disminuyó, por el contrario, los homicidios, las desapariciones y las masacres se convirtieron en una normalidad macabra. El de López Obrador es el gobierno más sangriento del último medio siglo.
Los delincuentes aprovecharon el vacío de autoridad para controlar territorios completos, imponer su ley y, en muchos casos, sustituir al Estado en funciones esenciales.
La ausencia de extradiciones en el sexenio anterior, fue un síntoma claro de la política permisiva de López Obrador.
Mientras gobiernos anteriores, desde Ernesto Zedillo hasta Enrique Peña Nieto, enviaron a decenas de capos a enfrentar la justicia en Estados Unidos, López Obrador rompió con esta práctica.
Ni siquiera cuando Estados Unidos exigió la entrega de figuras clave en el negocio de los estupefacientes, hubo una respuesta por parte del gobierno mexicano.
Ahora, Sheinbaum se enfrenta a un dilema: seguir la línea de su mentor o tomar una postura más firme ante el crimen organizado. El traslado de estos 29 reos sugiere que ha optado por la segunda opción.
Si bien es prematuro decir que habrá un cambio de fondo en la estrategia de seguridad, es evidente que la Presidenta entiende que la inacción no es viable y que debe demostrar a Estados Unidos, en especial a Trump que quiere colaboren el combate a las organizaciones de delincuentes.
Debe convencerlo de que su gobierno está dispuesto a cooperar en la lucha contra los grupos criminales, marcando una diferencia respecto a la administración que encabezó López Obrador.
El reto para Sheinbaum no será sencillo, pues dentro de su propio partido hay quienes siguen defendiendo la fallida estrategia del compañero Andrés Manuel.
Además, las organizaciones de delincuentes han demostrado ser actores poderosos, capaces de desafiar al Estado cuando ven amenazados sus intereses. Sin embargo, el costo de no actuar ha sido demasiado alto.
El traslado de estos reos es apenas un primer paso, pues la verdadera prueba será si la Presidenta está dispuesta a extraditar a todos los grandes delincuentes que operan con total impunidad en México.
El mensaje es claro: el tiempo de los “abrazos” se terminó. Ahora toca demostrar que el Estado mexicano tiene la voluntad y la capacidad de recuperar el control del país.
Sheinbaum parece haber entendido la lección que López Obrador ignoró: la omisión solo beneficia a los criminales y daña al «pueblo bueno y sabio» que siempre dijo defender.
ESCOTILLA
Con una enorme afluencia acumulada de al menos 30 mil personas, anoche concluyó el Carnaval Conurbado 2025, organizado por los ayuntamientos de Tampico, Madero y Altamira, en colaboración con el gobierno estatal.
La Alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal estuvo acompañada por Erasmo González, de Ciudad Madero, en el recorrido del último día de actividades.
El sábado y el domingo en Playa Miramar y la Laguna del Carpintero, los desfiles lucieron por los escenarios que tuvieron.
En ambos casos, los Alcaldes entendieron que el protagonismo no era para ellos, sino para los participantes y eso le dio más realce al Carnaval en los dos municipios.
Fue un buen ejercicio de colaboración y deja un precedente para seguir impulsando proyectos en forma compartida.
Por. Tomás Briones
abarloventotam@gmail.com




