“Juan Comodoro, buscando agua, encontró petróleo, pero murió de sed”. Así va un verso de la canción de Facundo Cabral titulada “Pobrecito mi patrón”. En la zona sur de Tamaulipas, tuvimos petróleo, pero ya no. Tuvimos disponibilidad de una gran cantidad de agua, pero ya no. Estamos rodeados de agua: en la región existen 15 lagunas con una superficie total mayor a las 2,000 hectáreas, además del río Pánuco, que desemboca en el Golfo de México. Sin embargo, enfrentamos varios problemas:
Todas las lagunas y el propio río presentan distintos niveles de contaminación. Según los criterios establecidos por las normas oficiales mexicanas, la contaminación puede clasificarse en:
Media: Cuando los niveles de contaminantes exceden ciertos parámetros físico-químicos y bacteriológicos, con presencia de metales pesados en embalses naturales.
Alta: Cuando los parámetros físico-químicos y bacteriológicos son sobrepasados y la presencia de metales pesados excede los límites permisibles.
Además, la región ha experimentado un aumento en la frecuencia y severidad de los periodos de sequía. De acuerdo con el Monitor de Sequía de América del Norte (NADM), la sequía se clasifica en cinco categorías:
D0 (Anormalmente seco): Indicador de posibles condiciones de sequía incipiente.
D1 (Sequía moderada): Impactos en la agricultura y disponibilidad de agua.
D2 (Sequía severa): Pérdidas significativas en cultivos y pastizales, aumento del riesgo de
incendios y restricciones en el uso del agua.
D3 (Sequía extrema): Pérdidas graves en la agricultura, riesgo extremo de incendios
forestales y restricciones generalizadas en el acceso al agua.
D4 (Sequía excepcional): Pérdidas generalizadas en cultivos, alto riesgo de incendios,
escasez crítica de agua en embalses y pozos, y potencial declaración de emergencia.
En 2003, la zona sur de Tamaulipas fue considerada como “Anormalmente seca” (D0). Para 2024, la situación se agravó hasta alcanzar la categoría de “Sequía extrema” (D3). Además, entre diciembre de 2023 y abril de 2024, los municipios de Antiguo Morelos, Nuevo Morelos, González y El Mante fueron clasificados en “Sequía excepcional” (D4).
Apenas en 2024, la zona conurbada de Tampico, Ciudad Madero y Altamira vivió una de las sequías más severas en los últimos años. Lagunas como Champayán y El Chairel, que abastecen a la región, registraron una reducción drástica en sus niveles de agua lo que
ocasionaron una crisis hídrica en la zona.
Las razones que nos han llevado a esta crisis son diversas:
– Sobreexplotación de fuentes hídricas sin una planificación sostenible.
– Pérdidas significativas en la red de distribución por fugas.
– Falta de políticas de conservación del agua en hogares e industrias.
– Descarga de aguas residuales sin tratamiento adecuado.
– Contaminación por pesticidas y residuos industriales.
– Acumulación de basura y desechos sólidos urbanos.
– Escasez de plantas de tratamiento para aguas residuales.
– Falta de embalses para almacenar agua en temporada de lluvias.
– Redes de distribución deficientes que provocan fugas y pérdidas del recurso.
Existen muchas soluciones viables. Por ejemplo, el sistema propuesto por Adán HernándezSánchez, Josefina García-Navarro, María Esther Bautista-Vargas, Santiago Gómez-Carpizo y Raúl Hernández-Martínez plantea el uso de un sistema fotovoltaico autónomo para la oxigenación de cuerpos de agua, lo que permitiría mitigar la contaminación de manera sostenible y eficiente. Este enfoque no solo mejora la calidad del agua, sino que también promueve el uso de energías renovables en proyectos ambientales.
En el otro extremo, encontramos el caso del dique El Camalote, que sufrió una ruptura en mayo de 2021, contaminando de agua salada la Laguna de Champayán. Este dique, hecho de costales con arena, presentó fallas críticas. En septiembre de 2024, una de sus compuertas se abrió debido al deterioro de sus bisagras, y la solución se ha postergado hasta que bajen los niveles de agua, a pesar de que habría sido más oportuno atenderlo durante la sequía del año anterior.
Estos hechos demuestran que la verdadera causa de la crisis hídrica no es la falta de recursos, sino la falta de interés de las autoridades en aplicar soluciones de fondo y de los ciudadanos en exigirlas.
En diciembre pasado, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA) emitió una alerta sobre la alta probabilidad de enfrentar una sequía severa en 2025. A pesar de que el año apenas comienza, ya hay siete municipios en “Sequía severa”: Nuevo Laredo, Guerrero, Mier, Miguel Alemán, Camargo, Gustavo Díaz Ordaz y Reynosa.
Esperemos que el gobierno atienda este gravísimo problema de fondo asignando recursos suficientes y no solo implemente paliativos que no resuelven la crisis estructural del agua en la región.