En la primera semana de las campañas para la elección del Poder Judicial, las mayores lecciones de las malas prácticas políticas provienen… de la misma clase política.
Mientras los candidatos entre sus habilidades y limitaciones por no contar con espacios y presupuesto, han dado lecciones de cómo hacer política desde la austeridad y hasta el momento existen muchos ejemplos que para bien o para mal acapararon los reflectores de la opinión pública.
En Tamaulipas cientos de candidatos utilizaron las redes sociales en su mayoría para unir lazos con la ciudadanía y su potencial electorado, mientras morenistas y demás partidos mantienen guerras intestinas por el control del poder y del presupuesto. Entre publicaciones de aspirantes a jueces, magistrados y ministros aparecían también los golpeteos entre grupos morenistas con señalamientos de todo tipo y con una evidente incapacidad intelectual para sostener tribuna.
Pero es la misma fuerza que los usuarios y la ciudadanía que otorga a nuevos personajes, ajenos a la prácticas convencionales de la vieja política, abre un espectro muy considerable para cualquier partido para tener en la mira a figuras políticas emergentes con la suficiente capacidad para desenvolverse entre el electorado sin la necesidad de partidos políticos o de grupos de poder.
Es evidente la necesidad de un relevo generacional en la política mexicana y en la tamaulipeca pero el viejo esquema manejado en la etapa neoliberal de México nunca más se concretó y en la nueva era de hacer política, principalmente desde la perspectiva política del las corrientes sheimbaumistas, la vida pública al final aterriza en manos de la ciudadanía y el Estados es al final un prestador de servicios para cada individuo.
Desde esa perspectiva, los partidos políticos si importan, y tampoco importan. Las asociaciones civiles sí importan, pero también importa la opinión de cualquier ciudadano aunque no pertenezca a ninguna afiliación.
Y esa al final de cuentas es la máxima expresión de libertad desde el punto de vista comunitario.
La crisis de los partidos políticos es evidente en el PRI, el PAN y el PRD, pero algo similar sucede con Morena el PVEM y Movimiento Ciudadano, aunque estos últimos en una modalidad distinta que les puede abrir otro camino al futuro.
Los partidos políticos convencionales quedaron enfrascados entre tribus, grupos de interés, y hasta cacicazgos que si bien mantienen dominios territoriales importantes (AKA la DO) y grandes capitales a su disposición, han quedado resquebrajados por la falta de confianza y el nivel de desprestigio que tienen en un electorado que simplemente ya no los contempló.
El PVEM como periférico del poder lo alimenta su facilidad de acoplarse a los poderes en turno y el respaldo que mantiene por grupos de poderes principalmente de origen priista que manejan con profesionalismo el tráfico de influencias.
Morena y MC tienen una composición similar, aunque distan en su origen y fin.
Morena es el ‘aglutinamiento’ que provocó el fenómeno AMLO y prácticamente los adeptos se sumaron a la ola cuatroteísta. MC como lo dice su nombre centra su influencia en ciudadanos que influyen directamente en la comunidad y aún pertenecientes a un partido y como parte de su esencia, se consideran en su mayoría como ‘apartidistas’.
La política de masas es el respaldo que aún posee Morena y una militancia de origen o proveniente de la izquierda. En MC sus integrantes al final son su fuerza y la buena percepción que mantienen con el empresariado mexicano.
La elección judicial ahora rompe cualquier esquema y sus mismas reglas además de rígidas empujan a los candidatos a pedir directamente su apoyo a los votantes. Las hibridaciones que deriven de lo que veremos las próximas semanas serán también una nueva forma de hacer política que de igual manera harían una simbiosis entre las prácticas del pasado y la política del futuro.
La crisis de los partidos al final también se debe a que olvidaron por completo las necesidades de su militancia y de sus votantes. Mientras se aferraron por años a un arquetipo de lo que era su votante o el mexicano al que debían de llegar existía y existe un ‘multiverso’ de lo que es el mexicano.
Y evidentemente las necesidades específicas de cada individuo, de cada ciudadano, de cada votante.
Con la emergencia de los nuevos cuadros políticos que surgen como un efecto de la misma elección además de pertenecer al ámbito jurídico, también pertenecen en aspectos específicos. Algo que aún no sucede por ejemplo en las elecciones legislativas y los Congresos aún poseen muchas facultades concentradas que probablemente provoquen los mismo golpismos del presente.
Y puede, al menos en teoría que sea el elemento perfecto para diluir los afanes autoritarios que brotan ocasionalmente. Aún si en el trayecto y por poca pericia del centro y la izquierda política mexicana surgen Trumps, Bolsonaros o Mileis.
Y de la misma forma, esa misma dilución puede impedir cualquier intención totalitaria.
@pedroalfonso88
POR PEDRO ALFONSO GARCÍA RODRÍGUEZ




